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CIENCIA

Secuelas del COVID-19: lo que el virus deja después de la infección

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Aunque millones de personas han superado el COVID-19, muchas enfrentan secuelas físicas, neurológicas, cardiacas y emocionales que pueden durar semanas o incluso meses. Especialistas advierten que una recuperación integral depende de atención médica oportuna y rehabilitación adecuada.

Ciudad de México, Avanzada (07/08/2025).- Aunque el mundo ha superado las etapas más críticas de la pandemia, el virus SARS-CoV-2 continúa dejando huellas profundas en quienes lo padecieron. Más allá de la infección aguda, las secuelas del COVID-19 han resultado ser diversas y, en muchos casos, incapacitantes.

De acuerdo con Sergio Alberto Mendoza Álvarez, académico de la Facultad de Medicina de la UNAM, este virus ha demostrado una capacidad sin precedentes para afectar múltiples órganos y sistemas del cuerpo humano, aprovechando incluso al sistema inmunológico para dañar tejidos internos.

La coagulación anormal, una de las reacciones más peculiares asociadas al COVID-19, ha sido responsable de microtrombosis que afectan órganos como riñones, páncreas e hígado. Dependiendo del grado de inflamación, las secuelas pueden manifestarse semanas o incluso meses después de la recuperación.

Uno de los efectos más comunes es la fatiga muscular persistente. Muchos pacientes refieren debilidad física, dificultad para moverse y sensación de ahogo incluso al realizar esfuerzos mínimos. Estas manifestaciones están relacionadas con la afectación pulmonar y la pérdida de masa muscular durante la enfermedad. En casos graves, se ha documentado fibrosis pulmonar, una condición que puede provocar falta de aire a largo plazo si no se realiza una adecuada rehabilitación.

El sistema nervioso también puede verse comprometido. La pérdida del olfato (anosmia), el dolor de cabeza crónico (cefalea) y en casos menos frecuentes, el síndrome de Guillain-Barré —una enfermedad autoinmune que provoca debilidad y parálisis—, han sido reportados como secuelas neurológicas significativas.

También se han identificado casos de infarto cerebral y derrames por inflamación de vasos sanguíneos en el cerebro. En estos pacientes, una recuperación exitosa depende del acceso oportuno a rehabilitación neurológica.

En el plano dermatológico, se han presentado erupciones cutáneas, urticaria e incluso necrosis de tejidos en casos graves. Otra consecuencia común, especialmente entre mujeres, ha sido la caída de cabello conocida como efluvio telógeno, la cual puede durar meses.

A nivel cardiaco, algunas personas han desarrollado miocarditis, inflamación del músculo del corazón que puede desencadenar insuficiencia cardíaca. Otros han sufrido disfunción del nodo sinusal, lo que provoca una frecuencia cardíaca anormalmente baja y, en casos extremos, la necesidad de implantar un marcapasos.

Mendoza Álvarez señala que no se deben subestimar las secuelas psicológicas. El estrés, la ansiedad, el miedo prolongado e incluso episodios de depresión son comunes entre quienes vivieron hospitalizaciones prolongadas o perdieron a seres queridos.

También se ha detectado la osteocondritis —dolor muscular intercostal— y casos más complejos como perforaciones intestinales derivadas de procesos inflamatorios severos.

A pesar del amplio espectro de consecuencias, la mayoría de estas secuelas no son permanentes. Su duración puede ir desde unas pocas semanas hasta varios meses, dependiendo de factores como la edad del paciente, su estado de salud previo y el grado de afectación por el virus.

El especialista enfatiza que una atención médica adecuada, junto con rehabilitación física y emocional, es fundamental para la recuperación integral de los pacientes post-COVID.

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