Autor: Mario Alberto Solís Espinosa.
Malas Compañías
Ante el extravío ideológico y la cancelación de facto los principios lopezobradoristas que dieron origen a uno de los movimientos políticos más relevantes de este siglo en nuestro país, la presidenta Claudia Sheinbaum envió una carta a la militancia de Morena, buscando que sus correligionarios retomen los postulados que permitieron el derrocamiento del régimen panista-priista.
La misiva que también puede entenderse como una severa llamada de atención, seguramente no cae bien entre muchos de los que ciertamente accedieron al poder bajo las siglas del partido guinda, pero que en el fondo no comparten el programa y plataforma de izquierda que enarbola Morena.
En todo el país y claramente en Colima, las filas del morenismo fueron cooptadas por tránsfugas de otros partidos, jóvenes que se identifican más con la nómina gubernamental que con la lucha en las calles y apenas unos cuantos viejos perfiles de izquierda que desertaron del PRD cuando ese instituto político traicionó sus raíces aliándose con el PRI.
Dicha pluralidad en su conformación lejos de enriquecer al partido oficial, lo desvinculó por completo de las causas que antes defendía. Las acciones de la militancia ensancharon cada vez más la distancia entre el discurso y la realidad; por eso el regaño presidencial, al que por cierto pocos liderazgos hacen eco, como sucede con otros pronunciamientos.
Y es que el decálogo de Claudia Sheinbaum parece tener dedicatoria, sobre todo cuando señala que “todos los militantes de Morena deben conducirse con honestidad, humildad y sencillez”. Además que convoca a no caer “nunca en la frivolidad, en el consumismo y la ambición por el poder y el dinero”.
Subraya que “no es de nuestro Movimiento viajar en aviones o helicópteros privados, o tener como anhelo portar ropa de marca, o tratar mal a las personas, o andar con guardaespaldas y un séquito de camionetas para ir de un lado a otro, o comer en restaurantes caros”.
Uno de los puntos centrales de la carta llama a que “nunca se permita el amiguismo, el influyentismo y nepotismo. Es indispensable que aun cuando en la Constitución se estableció que no puede haber candidatos en el periodo inmediato de familiares en ningún puesto de elección popular hasta el 2030, Morena lo incluya desde 2027”.
Sin destinatarios explícitos, el pronunciamiento de la mandataria nacional busca moderar el comportamiento de gobernantes y funcionarios emanados de dicho instituto, toda vez que en muchos casos, adoptan prácticas del más oscuro priismo y revelan una vulgar ambición económica que los lleva a cometer los más burdos excesos.
En Colima ya tuvimos varios exabruptos de ese neomorenismo, uno de los más célebres fue el aumento de sueldo que se autorizaron en abril de 2022 la gobernadora Indira Vizcaíno y 24 de sus funcionarios más cercanos. Los incrementos fluctuaban entre el 25 y el 60 por ciento, mientras que a la base trabajadora solo se le autorizó un aumento salarial del 3 por ciento ese año.
La mandataria colimense y su grupo compacto solo se retractaron de la abusiva medida una vez que se vieron descubiertos por investigaciones periodísticas, lo que motivó el descontento social hacia su gobierno.
Un año después se reveló que la gobernadora Indira Vizcaíno y algunos de sus funcionarios compraron, casi de manera simultánea, residencias en un fraccionamiento de lujo de esta capital. La compra de los inmuebles se realizó en agosto de 2022, menos de un año después del acceso al poder del nuevo régimen.
Tales hechos no son excepciones, sino el estilo y la forma del gobierno de Morena en Colima, al que caracteriza la superficialidad, el gusto por el lujo, el buen vestir y la apariencia, justo las formas de ejercer el poder que ha censurado la presidenta Claudia Sheinbaum en su misiva.
La moderación y la discreción que exige la titular del Poder Ejecutivo a sus compañeros de partido será difícil de acatar en Colima, donde el poder económico y político ha deslumbrado a personajes que hasta hace poco permanecían en el anonimato, padeciendo los rigores que enfrentan la mayoría de los colimenses en empleos agotadores y mal pagados.
Nada bien caen estos llamados a la austeridad personal (la institucional no es problema, pues se adopta con dinero ajeno), pues la casta gobernante asume el poder desde el secreto convencimiento de que la medianía juarista solo está bien para los otros, nunca para los bolsillos propios.