“Ellos mienten. Nosotros sabemos que mienten. Ellos saben que nosotros sabemos que nos mienten. Y ellos nos siguen mintiendo”, dijo en una ocasión el escritor soviético Aleksandr Solzhenitsyn, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1970.
Aunque fue dicha hace muchos años, en una región muy lejana, esa expresión sigue siendo válida y continúa reflejando a cabalidad una realidad que se vive en el mundo del poder y la política.
“Gobernar consiste en hacer creer”, dejó escrito, por su parte, el filósofo Nicolás Maquiavelo en su obra El Príncipe, lo que establece con claridad esa similitud que a menudo está presente entre gobernar y mentir, dos términos que en algunos casos pueden aparecer entrelazados e incluso confundirse uno con el otro.
“La mentira y el ejercicio del poder se complementan por razones inevitables. La más evidente es la consecución de unos propósitos, conocidos o escondidos, para los que se necesita el apoyo o la aprobación, casi siempre por omisión, de los gobernados”, dice el analista David Lorenzo Cardiel en un ensayo publicado en portal español Ethic.
En Colima también hemos visto sexenio tras sexenio el ejercicio de la mentira, por diversas razones, como parte de una estrategia de gobierno. Desde los planteamientos realizados en las campañas políticas hasta las argumentaciones utilizadas para imponer a la población determinado proyecto cuando ya se encuentran en el poder.
Uno de los ejemplos más recientes lo escenificó la gobernadora Indira Vizcaíno Silva, al tratar de sostener que la aplicación del proyecto de “Viviendas para el bienestar”, que el domingo pasado presentó en Manzanillo la presidenta Claudia Sheinbaum, no representa un riesgo para la integridad de las áreas verdes y los espacios deportivos de las colonias donde se pretende implementar.
Además de afirmar lo anterior, la mandataria colimense sostuvo que con el proyecto habitacional no solo no resultarán afectadas las canchas deportivas, sino por el contrario, serán rehabilitadas.
“No tengo ninguna duda de que la gobernadora miente. Es claro que no conoce el fraccionamiento ni la unidad deportiva infantil que incluye áreas verdes, estacionamiento, una zona infantil, un campo deportivo y varias canchas. ¿Cómo van a construir 60 viviendas sin afectar esta infraestructura?”, cuestionó Martha Zepeda del Toro, regidora del Ayuntamiento de Manzanillo.
La integrante del cabildo porteño alertó que el cambio de uso de suelo en ese espacio busca justificar la edificación de casas en una zona que debe preservarse para el esparcimiento de la comunidad.
Con un dejo de sarcasmo, la regidora comentó: “No sé si ya desarrollaron la ingeniería civil para construir casas en el aire, porque de otra forma no es viable”.
Zepeda destacó que Indira Vizcaíno acostumbra evadir responsabilidades y descalificar a quienes critican su administración. “Pasa lo mismo con el sector salud, donde en lugar de asumir la falta de medicamentos, culpa al personal médico. Lo mismo ocurre en seguridad, donde se criminaliza a las víctimas antes que aceptar la crisis. No me extraña esta actitud”.
Aquí cabría preguntarse si el recurso de la mentira de la gobernadora obedece al desconocimiento de la realidad y al interés de imponer su punto de vista sin aceptar la posibilidad de errar, o bien, si se trata de una estrategia con un objetivo específico fundado en intereses personales o de grupo.
En fin, el tiempo se encargará de sacar a flote y exhibir las mentiras provenientes desde el poder. Solo falta que la sociedad se dé cuenta, reconozca esta situación y asuma una postura al respecto.
Por ahora, no está por demás recordar la advertencia que lanza David Lorenzo Cardiel en su artículo “Mentira, poder y viceversa”, donde sostiene: “La deshonestidad, en el ámbito del poder –en cualquiera de los tres pilares, sea económico, político o intelectual–, conduce a la corrupción del sistema”.