Escrito por: Manuel Salvador González Villa.
Respecto a la otra vertiente en relación con la formación e integración de las sociedades de alumnos de las escuelas y Facultades de la U de C, de forma ya acostumbrada los rectores en turno de antemano cuentan con la disposición política de la dirigencia estudiantil de la FEC automática e inherente pues esencialmente las sociedades de alumnos son las figuras y/o actores claves del primer nivel que sostienen y garantizan cual cimiento la estabilidad y el orden del edificio denominado U de C.
Entonces, aunque teóricamente una sociedad de alumnos debería ser una representación estudiantil auténticamente democrática, por el contrario la FEC en los hechos las ha convertido en un instrumento de control político muy aceitado considerando sobre todo que en la U de C a todo los presidentes de las sociedades de alumnos cuando asume el cargo tienen parte del dirigente de la FEC la instrucción prioritaria de informar en forma inmediata cuando surjan problemas estudiantiles en las escuelas y Facultades donde lo son, con el supuesto claro está que no sea el como presidente de la sociedad de alumnos sino el presidente de la FEC propiamente quien con su gestión e intervención los resuelva. A la vez, otras funciones mas también trazadas desde la FEC son: el identificar en las escuelas a alumnos con perfil de liderazgo para eventualmente cooptarlos organizacionalmente, hacer listas con el nombre completo de aquellos estudiantes disidentes y entregarlas a la FEC; organizar eventos culturales, deportivos, académicos, etc., pero eso si siempre y cuando no se vean afectados los intereses de la FEC.
En la U de C esta manera de actuar y operar de las sociedades de alumnos habitualmente por supuesto no tiene nada de democrática, de tal manera de que en realidad en ellas jamás se encuentran el punto de vista de los estudiantes, sus intereses, ideales y aspiraciones, además de que suprimen un aspecto muy importante del movimiento estudiantil como su carácter popular.
Pero cómo puede esperarse que las sociedades de alumnos a lo largo y ancho de la U de C sean democráticas, si existe un fuerte entrelazamiento FEC-Rectoría; una simbiosis real de carácter estructural donde a cambio del férreo control que la FEC ejerce y mantiene sobre el estudiantado universitario, la rectoría está convertida en una de las fuentes económica principales de su dirigencia estudiantil, y más necesariamente ahora que como organización estudiantil fue legalmente golpeada en su papel monopolizador de la venta de boletos del transporte público a estudiantes colimenses. Un financiamiento rectoral entonces traducible en formas diversas como: los cheques a los estudiantes universitarios leales, las becas, las exenciones en inscripciones escolares, la aceptación sin condiciones en las escuelas a los recomendados por la FEC, las concesiones, los permisos y las facilidades para disponer de la infraestructura universitaria, el disfrute y uso del edificio y estacionamiento sede de la dirigencia estudiantil agregándole los pagos de servicios de agua, luz, predial, etc., el préstamo de camiones de autobuses escolares, el financiamiento de uniformes deportivos, y otras tantas prerrogativas universitarias más de escudriñar difícil.
Pero antes de entrar a analizar cómo opera y devuelve la FEC a la rectoría universitaria tan generoso respaldo económico, valdría la pena interrogar y preguntar si en realidad la FEC como organización estudiantil en alguno momento de su historia logró celebrar algún pacto, convenio o acuerdo por escrito ante la Secretaría de Educación Pública del Estado de Colima donde se reconozca a la FEC oficialmente como gobierno de los estudiantes en la Universidad de Colima.
Otra cuestión también importante a enfatizar es que, al contrastar las personalidades, estilos, valores y visión, de los rectores: Carlos Salazar Silva; Miguel Ángel Aguayo López, y José Eduardo Hernández Nava, ha sido este último quien se ha comportado en la forma más insensible e insensata abusando del poder universitario sobre todo con los estudiantes, sin por ello desde luego eximir de lo mismo a los otros dos rectores señalados.
Finalmente respecto de la FEC vale la pena subrayar que como institución estudiantil no ofrece ni se caracteriza por una ideología clara y definida, aunque eso si todos sus dirigentes coinciden en destacarla como organización estudiantil consagrada a la formación de cuadros políticos del PRI, siendo el caso de Fernando Moreno Peña el más preclaro cuando primero logró la rectoría de la U de C y a continuación electoralmente ganar y desempeñarse al frente del poder Ejecutivo del Estado de Colima. Existe incluso el dato fehaciente de que esta ultima vez quien como candidato del PRI electoralmente perdió su credibilidad popular, se despidió y agradeció emotiva y sensatamente ante los jóvenes de la FEC.
Sin embargo, lo decisivamente definitorio y ejemplificante de la FEC política e ideológicamente es que no se percibe la conciencia de que los estudiantes constituyen un “clase” que debería luchar por sus reivindicaciones y derechos, por transformar la U de C y el país.
Volviendo pues a la cuestión de como la FEC compensa al rector de la U de C dado el costo económico que como organización estudiantil representa, nos lleva a ofrecer un análisis de lo que para la FEC representa dominar y controlar a la totalidad de las sociedades de alumnos en la U de C.
Sirve solo a manera de preludio necesario a lo que anteriormente digo es referirme a tres premisas que a la FEC la definen fundamentalmente por el origen y naturaleza de su historia: a). Que como organización estudiantil nunca se ha caracterizado por convertirse en una organización propia, autónoma, de tal manera que temas importantes entre otros como la reforma universitaria simplemente no entran en su programa; b). Que solo en teoría reivindica y lucha por los intereses y derechos específicos de sus agremiados, y; c). Que política e ideológicamente el denominador común en su desarrollo como organización estudiantil es la indiferencia colectiva y sobre todo en cuanto a cultivar valores y principios democráticos entre los estudiantes que la integran.
Tales premisas y principios fundamentales de la FEC me llevan a deducir y afirmar que como organización estudiantil en realidad su funcionamiento institucional la define como el recurso más eficiente y probado con el que cuenta la rectoría de la U de C para salvaguardar no solo tanto la sucesión rectoral como la estabilidad interna, es decir la vía u opción clave y decisiva para apagar y/o contener cualquier brote de rebeldía o movimiento de cambio y/o transformación universitaria, ya sea de naturaleza estudiantil o de los trabajadores universitarios, que en última instancia sean representativos de una amenaza real a la estabilidad y por lo tanto a los intereses rectorales.
Por supuesto que es la historia de la U de C donde está la clave y la raíz de esta función primordial que la FEC posee como organización estudiantil para ponerse eventualmente el traje de bombero apaga fuegos institucional, si nos remontamos a aquellos años en que Fernando Moreno Peña siendo joven a base de golpes y violencia conquistó y se apoderó del poder estudiantil universitario, para enseguida ya al frente de la FEC conseguir que la autoridad rectoral de entonces reconociera y le otorgara a esta organización estudiantil la condición de agencia única y legitima en el papel de interlocutora de los estudiantes. Poco después, el propio Fernando Moreno Peña saltaría desde la FEC a convertirse en rector de la U de C, y de ahí a gobernador del Estado de Colima.
Es por esta histórica simbiosis FEC-U de C que no sea nada raro que cuando presentamos la propuesta de una nueva Ley Orgánica para la U de C ante el Congreso del Estado de Colima y fue fijada la fecha para dar a conocer la resolución de la misma, se hizo presente la plana mayor universitaria destacándose entre otros el mismísimo Fernando Moreno Peña, el rector, el personal de confianza y la dirigencia de la FEC junto con estudiantes acarreados de todo el Estado de Colima, literalmente copando con su presencia el recinto legislativo, y que por cierto, siendo esta legislatura de color político PRIAN mayoritaria, nos fue rechazada hasta bajo el sesudo argumento de ser una propuesta de Ley Orgánica con “faltas de ortografía”.
Asimismo, tampoco fue raro que cuando Héctor Magaña Lara siendo presidente de la FEC ante la amenaza de una posible huelga por parte del SUTUC encabezado por Cesar Leonardo Gutiérrez Chávez, hiciera la declaración pública de que si estallaba la huelga iniciaría un proceso legal contra el propio SUTUC con el argumento de daños a terceros, es decir, de que los alumnos no tuvieran clases por la huelga.