Autor: Rubén Alcázar
(Primera de cuatro partes)
Desde algún lugar de Estados Unidos, Avanzada (25/02/2025).- Qué bonito es nuestro lugar de origen, qué bonito es estar tranquilo en nuestro lugar seguro, muy bonito también permanecer rodeado de las personas que más amas en el mundo, pero qué triste es que tu sueño no esté en ese rinconcito y debas salir a buscarlo.
Yo soy colimote de nacimiento, dejé mi hermoso estado el jueves 16 de noviembre del año 2023 rumbo a nuestro país vecino, Estados Unidos de América. Las oportunidades laborales en Colima son complicadas para la mayoría de sus habitantes, en este caso hablaré un poco acerca de mí y mi situación migratoria.
Actualmente soy un joven de 27 años de edad, muy unido con mi familia, querido y apreciado por muchas personas. Mis actividades preferidas eran ejercitarme, pasar tiempo de calidad con mis seres queridos, familia, personas cercanas, salir a bailar, divertirme y trabajar arduamente.
Haber dejado todo eso, creo yo, ha sido la decisión más dura y complicada que haya tomado hasta ahora, y la razón principal fue mi situación económica y laboral. En ese tiempo yo me dedicaba al modelaje y a impartir clases deportivas (crossfit), ya que en mis años de estudiante universitario fui un deportista sobresaliente dentro y fuera de mi estado.
Gracias a un programa nacional de becas para jóvenes, tuve la oportunidad de laborar en un portal de noticias colimense, donde aprendí acerca del periodismo, a hacer publicaciones sobre notas sobresalientes de muchos temas y muchas necesidades que pasamos los colimenses y mexicanos, sobre la seguridad, desapariciones, violencia, etcétera.
Por cuestiones económicas y personales, no terminé mi carrera universitaria, y era algo que me tenía desanimado y un tanto desmotivado con seguir adelante. Yo creía que teniendo un título universitario me haría acreedor de un trabajo cómodo y seguro. Entonces continué trabajando en lo que hacía, hasta que un día me quedé sin uno de mis dos empleos.
Desesperadamente comencé a buscar por todos lados lo que más me conviniera, y malamente terminé desanimado por no encontrar algo que me convenciera totalmente o que pudiera encajar bien con lo que yo buscaba.
Al igual que yo, muchas personas tenemos familia en otros países, pero comúnmente en Estados Unidos. Tíos y tíashacían visitas con nuestra familia y cada que nos despedíamos era también una pequeña charla acerca de la vida y los empleos del otro lado de México. Siempre tuve esa curiosidad de experimentar alguna visita u oportunidad por aquellos rumbos.
Uno de los días festivos más hermosos que celebramos en México, “Día de muertos”, 2 de Noviembre, estaba en mi casa, cuando recibí una llamada que en ese momento cambiaría mi panorama. Era una de mis primas hermanas haciéndome la invitación a trabajar con ella, y yo pensé que sería buena idea porque yo estaba buscando trabajo, estaba desesperado y lo que quería era continuar generado para poder salir adelante, porque con o sin trabajo los sueños siguen de pie.
Todo iba muy bien hasta que me di cuenta que ella estaba en Estados Unidos, la generosa invitación fue trabajar como ayudante de cocina en un restaurante, pues ella sabía que yo tuve conocimiento porque en Colima también trabajé muchos años en estos ambientes, cocina, mesero y demás.
Entonces yo dije que sí quería trabajar con ella, pero el problema era que yo no tenía la posibilidad de viajar a otro país, mucho menos a uno donde el requisito principal es ser ciudadano americano, o contar con alguna visa o permiso que me permitiera llegar a esa ciudad sin ningún problema, y yo no acreditaba a ninguna de esas posibilidades.
La llamada continuó y me hicieron la propuesta de cruzar al país ilegalmente por la frontera norte de Ciudad Juárez, en Chihuahua, México. Es un tema claramente conocido, hace muchos años mi papá logró estar algún tiempo en California y cruzó ilegalmente, conocidos también habían hecho lo mismo, sabía de algunas buenas experiencias de personas cercanas y conocidos, pero también estaba muy consciente del riesgo tan grande que esto conllevaba.
No lo pensé y acepté. Dije “Sí quiero” hablé muy seriamente con mi mamá y hermanas, mi hermoso núcleo, el motor más importante para seguir adelante. Les expliqué que el cruce sería por la frontera, que la persona con la que llegaría a trabajar iba a pagar por mí, y yo saldaría esa cuenta después de haberme establecido. Me preocupaba porque la cifra era muy alta, porque ya había leído antes sobre los peligros que se viven día con día en las ciudades fronterizas del país, también temía de que algo me pasara, porque estaba consiente que iba a hacer algo que no está permitido, pero mi ánimo más grande fue tener mucha fe por salir adelante, por mejorar mi calidad de vida, por ofrecer algo más a esa madre que con tanto esfuerzo nos dio todo a mis hermanas y a mí.
Recuerdo las palabras que mi madre me dijo, al darme el permiso de hacerlo: “Hijo, no te voy a decir que te vayas, pero tampoco te voy a pedir que te quedes”. Comprendió que yo estaba buscando una solución para las situaciones por las que estábamos viviendo.
Pasaron dos días y me contacté con mi prima, nuevamente para confírmarle que sí quería hacerlo, que sí quería emigrar de mi país y cumplir el “sueño americano”. La invitación era para el 15 de diciembre, aproximadamente en un mes, así que comencé a prepararme para dejar mi hogar. Pasé mucho tiempo con mi familia, no podía dejar de abrazarlos porque muy en el fondo sabía que iba a arriesgar mi vida, me contacté con muchos amigos y regalé todas mis pertenecías. Hice cartas escritas en papel para algunas de las personas que marcaron mi vida con buenas aportaciones, que me brindaron cariño, amistad, empatía y mucho amor.
Al día siguiente me llevé la sorpresa de que se había acortado el plazo y tenía 12 días para comenzar con la aventura, porque así lo quería ver yo, como una travesía que sería buena y divertida, trataba de convencer a mi mente de que nada malo sucedería. Comencé a prepararme, platiqué con mis queridos amigos con quienes trabajaba, para comentarles de la decisión que había tomado. Él y ella muy contentos aceptaron mi retiro del trabajo y me ofrecieron todo su apoyo y cariño. Platicamos acerca de los riesgos y lo que se aproximaba.
Llegué a casa y mi sentimiento fue mayor, mis piernas y mis brazos se sentían ligeramente entumecidos, dentro de mí sentía miedo y muchos nervios, como esa sensación antes de una carrera. Una semana antes, visité la ciudad de Tequila Jalisco, pues mis amigos más cercanos se encargaron de regalarme muchas sonrisas y buenos momentos. Continué visitando amigos queridos y regalando cosas personales, tratando de hacer que el tiempo corriera un poco más lento.
El día de partir llegó, comí pizza con mi familia, nos reímos, nos abrazamos, lloramos y nos dijimos “te quiero” muchas veces. Todavía llegaron más personas a mi casa para despedirse de mí.
Yo tenía conocimiento sobre el clima por aquel rumbo, y como no podía llevarme nada más que lo que trajera puesto, opté por usar un pants por debajo de un pantalón de mezclilla, una camisa, un abrigo y una chamarra, un hermoso regalo de mi difunto abuelo materno. Una mochila pequeña en la que llevaba mi cargador de teléfono, una pila portátil para carga, un libro de periodismo que me regaló Pedro, mi cartera, mi teléfono y mi dinero lo llevaba escondido en bolsitas de plástico por todas partes: en mis tenis, ropa interior, chamarra y demás.
El camión hacía el aeropuerto de Guadalajara, salía a las 11:00 pm del día Jueves, acompañado de mis sobrinos, mamá, hermanas y cuñados, nos fuimos a la central camionera de la ciudad de Coima. Pasamos buen rato juntos antes de partir, despedida y el llanto por esa impresión de saber si nos veríamos nuevamente. Mis piernas seguían temblando porque al cruzar esa puerta e irme a subir al autobús, sabía que mi destino iba a cambiar. Con muchas lágrimas en mis ojos besé y abracé con fuerza a esa familia que estaba ahí conmigo deseándome todo lo bueno.
Me subí al camión y no paré de llorar hasta que salí de la ciudad. Llegué al aeropuerto de Guadalajara a las 3:00 am aproximadamente. Mi vuelo a ciudad Juárez estaba programado para las 6:00 am, así que tenía tiempo para prepararme y descansar un poco, llegué al baño, después a una cafetería donde desayuné y recordé que una madrina muy querida me aconsejó escribir los números de teléfono de las personas más cercanas para poder contactarme en dado caso que pasara algo que no estaba previsto. Lo hice mientras tomaba café.
Llegó la hora de abordar, pasé a revisión y después subí al avión, muy contento por experimentar un vuelo por primera vez en mi vida. Pasaron las horas y llegué al aeropuerto de Ciudad Juárez. Ya eran más de las 10:00 am, volví a comer y contacté a mi prima para que me diera instrucciones sobre lo que tenía que hacer a partir de ese momento. (Continuará)