Bajo el lente de Ana Rosa García.
Se anunció que legisladores de Movimiento Ciudadano no asistieron a la glosa del informe de funcionarios de Salud, Educación y Economía.
Además, se acusa a la diputada Sofía Peralta de “fifí” y “bravucona” al subir a tribuna, mientras se le califica de clasista por preguntar cuántos funcionarios tienen a sus hijos en escuelas privadas.
Por supuesto, el secretario de Educación y Cultura se apresuró a declarar que “los suyos” no van a escuelas de paga. Sin embargo, parece olvidar que los hijos de su “jefa de jefas” asisten a un centro educativo con grandes jardines y “todo verde”.
Así está el asunto: parece que la tribuna sirve más para “romper vestiduras” que para fomentar discusiones y propuestas que mejoren las reglas y los planteamientos necesarios para regular distintos aspectos de la vida ciudadana.
¿Sabían que nuestro Código Civil está en pañales en temas como el registro de menores sin hogar y otros asuntos relacionados con los adultos mayores?
El Congreso parece tener mucha flojera para revisar nuestras normas civiles, y no se diga las de carácter penal. Prefieren aprobar al vapor las provenientes de la Federación y de índole constitucional.
En ese escenario, mientras acusan a la diputada Peralta de “bravucona”, ellos tampoco quedan exentos de culpa. No hace mucho, en legislaturas anteriores, la exdiputada Valencia gritoneaba durante las intervenciones del extinto diputado Chapula, además de argumentar que “las minorías están para obedecer”. Entonces, ¿dónde queda la prudencia? ¿Dónde está el dominio de las vísceras cuando se ponen a discutir con sus homólogos?
Ningún diputado es “blandito” o “tiernito”; todos están posicionados en sus inclinaciones ideológicas, lo cual es normal.
Pero parece que lo que realmente buscan es distraer al pueblo mientras afilan las navajas para que nadie se dé cuenta cuando le entierran la estaca con un nuevo arancel.
En este contexto, el único honesto del grupo “glosario” parece ser don Núñez, quien admite las carencias del sistema educativo. Bien por su honestidad: vale más decir “estamos mal” para proponer soluciones.
Los demás, es decir, Torrero, Vladimir y Zizumbo, están para llorar en su “bureau” crediticio: ni se les cree ni dan resultados en sus oficinas. Esto tiene molesta a la audiencia pública, pues están recibiendo pago sin hacer nada, solo para calentar la silla de gobierno.
Por último, llama mucho la atención la presencia de oficiales armados dentro del recinto legislativo. Esto significa dos cosas: que temen por sus abusos y que creen que el enemigo es el gobernado, quien podría presentarse a reclamar sus derechos.