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COLIMA

Después de 50 años nos volveremos a ver

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Columna

El Puercoespín 

50 años después nos volveremos a encontrar. Los chicos de La Gregorio, turno vespertino, nos veremos frente a frente para recordar cómo el tiempo ha pasado por nuestras vidas.

Aquellos chicos de camisa blanca y pantalón de mezclilla nos volveremos a abrazar. 

Aquellos chicos que, a la hora del recreo fuimos felices con una pelota fabricada con bolsas de plástico y rellenas de papel, que creábamos el partido de futbol más emocionante y siempre bien deseado, volveremos a encontrar ahora con el pelo blanco porque el color lo dejamos en la felicidad vivida y dolor acumulado. 

Después de cincuenta años la vida sigue palpitando en nuestros corazones.

Nos vamos a reunir para recordar cómo nos robamos las tortas y lo chocomiles que el Inpi (Instituto Nacional de Protección a la Infancia, hoy DIF) dejaba cada tarde, pero ante la eventual ausencia de nuestro maestro rompíamos las reglas y quien ganaba la torta o la leche resultaba un pillo afortunado.

Nos vamos a reunir aquellos chiquillos que con huaraches o con zapatos éramos capaces de abrazarnos o darnos de trompadas a la salida de la escuela. 

Nos vamos a juntar aquellos niños que desconocíamos de clases sociales y que, con camisa o camiseta, con mochila de cuero o con bolsa de nailon, éramos capaces de abrazarnos y ser los mejores amigos. El uniforme nos democratizaba, los niños caguengues no tenían cabida, los niños caguenguesiban a los colegios privados. Los rudos íbamos a las escuelas públicas.

Éramos y seguimos siendo los chicos de La Gregorio. Somos los chicos de ayer, de aquellos  tiempos cuando las niñas iban por la mañana y los rudos niños por la tarde.

Nos volveremos a ver cara a cara quienes vivimos elbamboleo de norte a sur y brincar de arriba abajo todo el edificio escolar, que las canchas de concreto, ese día, se convirtieron en olas de mar. El enjarre de las escaleras se desprendía como granizo y fuimos más veloces que nuestros maestros y les ganamos llegar a las canchas, las plumas, los lápices, las libretas volaron al aire y nadie supo dónde quedaron muchos objetos, fue un 30 de enero de 1973, el día del temblor.

Lo mejor y realmente maravilloso de todo aquel movimientotelúrico fue que todo un mes completo no hubo clases. 

Fue el terremoto de Colima de 1973 de una magnitud de 7.6 en la escala de Richter y tuvo dos tipos de movimiento oscilatorio y trepidatorio. 

Gracias al terremoto quienes estábamos en el quinto grado con el profesor Rafles (Rafel Anguiano Iñiquez) nos salvamos de hacer un examen de Historia. Bendito terremoto salvador.

Bebimos agua de la llave de la pila ubicada en la parte oriental de la escuela al final de cada recreo y seguimos vivos.

Hicimos pirámides en los festivales de fin de curso y desfilamos con las mancuernas de madera que el maestro Alfredo Gaytán nos hacía sonar con perfecta sincronía y con una coreografía impecable que nos hacia ganar el concurso año con año en el desfile deportivo del 20 de Noviembre.

La generación 1968-1974 nos reuniremos el 27 de septiembre a las siete en punto de la tarde en la Catedral Basílica Menor de Colima para celebrar que seguimos vivitos y coleando después de haber egresado de la escuela primaria Gregorio Torres Quintero turno vespertino y después de haber transitado por múltiples escuelas y destinos, trabajos y aventuras, con sus éxitos y fracasos.

Allí nos volveremos a ver con nuestra camisa blanca y pantalón de mezclilla que nos recordarán nuestros tiempos felices, democráticos y endiabladamente felices.

Ni ideologías ni partidos ni nada nos detendrán, porque somos los mismos chiquillos huarachudos o con zapatos que sabíamos vernos más allá de nuestras ropas. Así nos lo enseñaron nuestros padres y maestros entonces.

Hasta ahora, sabemos que somo 40 los que hemos confirmado nuestra asistencia y que tan solo trece compañeros no podrán asistir porque ya están muertos, pero estarán en cada abrazo que nos demos quienes concurramos ese día y quienes volveremos a vernos a los ojos y sabremos reconocernos en los niños aquellos que aprendieron a ser felices.  

Después de 50 años hablaremos y celebraremos los éxitos, rumearemos nuestros fracasos y celebraremos que seguimos siendo felices igual como cuando bebíamos agua llena de parásitos a los que vencimos con nuestro portentoso sistema inmunológico.

El 27 de septiembre es el día. 50 años no son nada y son toda una vida a la vez. Estamos vivos y amenazamos con seguir viviendo.

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