Columna
El Puercoespín
El inicio de una diáspora de instituciones y negocios de la iniciativa privada es el síntoma de que la inseguridad ha tomado un nuevo giro que, anuncia, una profundización de la crisis de inseguridad donde los empresarios están viendo una alianza, ya sin sombras de dudas, entre el crimen organizado y el gobierno de Indira.
Hace unas semanas Colima entró en una nueva fase donde la violencia ha tomado formas o ha evidenciado nuevos perfiles que expresan métodos más frescos de operar del crimen organizado. Todo mundo en Colima está viendo más fuertes y descaradas formas de operar del crimen organizado, me refiero a la forma cínica, y prácticamente generalizada, del cobro de derecho de piso.
Colima entró en una racha de la quema espectacular de negocios muy populares en Colima capital. Fue en el inicio de la segunda quincena de noviembre el punto de partida de los nuevos métodos de sembrar el terror entre los empresarios. Primero fue el bar Jala la Jarra, después continuaron con el bar Botanero Veintiuno, inmediatamente quemaron el local del Pollo Feliz ubicado en la avenida Pino Suarez. El domingo siguiente, como consecuencia de la toma de la localidad de Tapalpa, Jalisco, por la Secretaría de la Defensa Nacional, los criminales, muy seguramente, del Cártel Jalisco Nueva Generación quemaron un lote de autos con importantes perdidas para sus propietarios y los más espectacular e importante fue el asalto a la agencia de automóviles nuevos de la marca Chevrolet, donde los criminales sustrajeron cuatros camionetas de alta gama.
Lo anterior, aparentemente, caía en los eventos violentos que venimos padeciendo los colimenses desde hace aproximadamente año y medio, es decir, desde la masacre del Cereso, acontecimiento que marcó el inicio de la violencia en todo el estado de Colima.
El síntoma que marca la diferencia y da un nuevo giro a la violencia en Colima lo inició el anuncio público del Tecnológico de Monterrey de cesar sus actividades en la ciudad de Colima, después de 43 años de haber brindado sus servicios educativos a la sociedad colimense. El anuncio fue hecho público, pero en forma muy cuidadosa, donde evitan precisar si su retiro del estado obedece a una quiebra financiera o a la profundización de la violencia donde estaría, perfectamente enmarcado el chantaje denominado cobro de piso, por parte de los narcotraficantes que controlan la plaza de Colima.
Después del anuncio del retiro del Tecnológico de Monterrey vino el anuncio de Los Maderos de Don Juan. Los Maderos de Don Juan, uno de los restaurantes más reconocidos y populares de la capital del estado de Colima, cierra tras 23 años de brindar sus servicios a los habitantes de la capital. En una carta escrita, en forma manuscrita y letra script, por uno de sus propietarios, comunica que cierran “ante la situación local y buscando mantener la salud y la integridad física”.
Las expresiones “mantener la salud y la integridad física” son muy reveladoras.
Llama profundamente la atención que los propietarios de los negocios incendiados no buscan llamar la atención en forma estridente, más bien, optan por el cuasi silencio. Ellos no optan por hacer escándalo ni utilizar los hechos para hacer antipropaganda contra el Gobierno de México ni contra el gobierno local, todo lo contrario, guardan mucha prudencia y discreción. Evitan cualquier expresión o manifestación pública que pudiera considerarse propaganda antigubernamental, que pudiera etiquetarse como politiquería. No se politizan los eventos y sí proyectan mucha cautela, en el mejor de los casos, y temor, en una interpretación más libre y cercana a las expresiones en el contexto de la sociedad colimense.
El temor podría explicarse a partir de una insinuación implícita de que el gobierno estatal pudiera estar vinculado con los criminales y los empresarios no podrían, entonces, acudir ante una autoridad que presumiblemente tendría vínculos con los criminales, es decir, cómo denunciar ante un gobierno “aliado” de los narcos.
El gobierno de Indira a seguido en su lógica de no dar explicaciones ni asumir responsabilidades en algo que, al parecer, ya se salió de su control -si es que alguna vez lo tuvieron- y el gobierno de Indi es incapaz de dar la cara a una sociedad que cada día más cree menos en ellos.
El gobierno de Indira está prácticamente en el sitio de las cosas inútiles. Su credibilidad ya no le importa a nadie.
La forma discreta de reaccionar de los empresarios denota un nuevo giro en la violencia en el estado donde el gobierno de Indira parece ser un protagonista que milita, no del bando de los ciudadanos, sino del bando de los miembros del crimen organizado.
El giro de la violencia en Colima solo plantea una salida: la organización autónoma de la sociedad frente a las autoridades gubernamentales.
La violencia tomó un nuevo giro y en estas nuevas circunstancias el gobierno de Indira pasó a ser un enemigo más de los ciudadanos colimenses.
Algo profundo está pasando y los empresarios están llenos de miedo. El panorama es de incertidumbre y temor. Los ciudadanos comenzarán a tomar decisiones independientemente del gobierno local. Colima está viviendo una nueva forma de operar del crimen organizado que ha tomado formas más directas de extorcionar a los ciudadanos: el cobro de piso dejó de ser selectivo y parcial para pasar a ser generalizado.