Colima, México, Avanzada (21/02/2022).- Como parte de la guerra entre grupos del crimen organizado, que desencadenó durante las últimas dos semanas una ola de violencia en las calles de la zona conurbada de esta capital y el municipio de Villa de Álvarez, los adversarios han recurrido a narcomantas y cartulinas que aparecen casi todos los días para enviarse amenazas mutuas y para dirigir mensajes a las autoridades del gobierno estatal.
Aunque no existe la certeza de que lo que ahí se afirma sea real o incluso de que realmente hayan sido elaboradas por las células criminales que dicen firmarlos, en ocasiones se ha confirmado posteriormente que sí era verdad lo que se anunció antes, pero en otros casos los señalamientos han quedado en el aire, sin comprobación.
No obstante, los narcomensajes han sido la manera más directa utilizada por los cárteles para comunicarse, dejándolos muchas veces junto a bolsas o hieleras con restos humanos o al lado del cadáver de alguna persona asesinada, con el propósito de infundir miedo en los enemigos y en la propia sociedad, o bien, la mayoría de las veces aparecen solas, colocadas en puentes o cercas, generalmente en lugares concurridos.
Recientemente los grupos delictivos también han utilizado videos a través de las redes sociales, en los que han dado a conocer el reparto de despensas o dádivas en algunas comunidades o mensajes dirigidos a determinada autoridad o cártel rival.
En Colima, durante las últimas dos semanas han llamado la atención narcomantas o cartulinas en las que una de las células ha afirmado que recibió órdenes de matar a la gobernadora, pero que desobedeció porque respeta a las autoridades, o en otra le reprochan a la mandataria que no haya valorado el hecho de que se negaron a atentar contra ella, etcétera.
Una narcomanta más reciente va dirigida al fiscal general del Estado, Bryant Alejandro García Ramírez, a quien le reclaman que únicamente se establecen operativos contra su grupo y no se actúa contra el otro, y le advierten al funcionario que lo tienen bien ubicado, por lo que le recomiendan que sea imparcial. En otros mensajes, diversos personajes de los grupos criminales se han amenazado mutuamente.
De acuerdo con un estudio realizado por el sociólogo y politólogo alemán Günther Maihold, “las narcomantas son un instrumento de comunicación masiva que emplean los cárteles para justificar, protagonizar o intimidar a sus contrincantes, a la autoridad o la misma población”.
Explica: “Es importante tener presente que al parecer existen diferentes densidades respecto de la presencia de mantas, dependiendo de la conflictividad de una plaza en un momento concreto o de la estrategia comunicativa de los diferentes cárteles. Este tipo de mensajes están dirigidos al público en general, a las autoridades del lugar –del estado o del país– o a los contrincantes de otros cárteles con los cuales los autores de las mismas se disputan el territorio”.
El académico, titular de la Cátedra Guillermo y Alejandro de Humboldt en el Colegio de México, señala que las narcomantas pueden considerarse un esfuerzo publicitario de los mismos cárteles que las colocan en espacios públicos –por ejemplo, en pasos peatonales– con la finalidad de atraer la atención de la sociedad civil y de los medios para que las reproduzcan y divulguen, y por esta vía generar una articulación alternativa a las comunicaciones de los actores gubernamentales.
“Entre los efectos que el narco desea producir con sus mensajes —refiere— está el intento por encontrar la solidaridad de la sociedad en su batalla contra el gobierno. Tal interés se encuentra bien articulado en una sociedad como la mexicana, que siempre se ha caracterizado por el desdén ciudadano respecto del poder estatal y por la distancia en relación con el gobierno federal en turno”.
A juicio de Günther Maihold, en la precariedad del vínculo entre ciudadanos y autoridades se ubica el interés de las organizaciones criminales por establecer un lazo con el público. De ahí que muchos de sus mensajes reflejen la crítica a la gestión gubernamental, asociándola siempre con la corrupción, la parcialidad en favor de ciertos grupos y su incapacidad para generar los beneficios que la población espera.
Indica que los intereses comunicativos del crimen organizado no solamente se asocian a su deseo de autolegitimarse y a su interés por ser aceptado por la población, sino también a la necesidad de criticar el proceder estatal por exagerado y de poca contundencia.
Sin embargo, dice el investigador, las narcomantas no son el instrumento comunicativo central de las organizaciones delictivas, ya que recurren con mayor frecuencia a otro tipo de comunicaciones, como los llamados narcomensajes: cartones que se colocan junto a los muertos abandonados en la vía pública y que intentan dejar en claro por qué razón y con cuál intención fueron sacrificados. No obstante, en los narcomensajes también se reflejan conflictos internos y entre los cárteles, mientras que las narcomantas pretenden llegar a un público mayor, por lo cual su alcance comunicativo va más allá.
Además de las orientaciones comunicativas señaladas, “se ha identificado una guerra de propaganda a través de las mantas, la cual refleja la necesidad que tienen las sociedades criminales de justificarse frente a ciertos hechos que les son atribuidos, así como adoptar una posición de amenaza o venganza frente a actos de invasión de autoridades públicas y fuerzas militares en espacios de control que consideran propios”.
Concluye: “La estrategia fundamental asociada con las narcomantas parece ser de carácter territorial en un doble sentido: por un lado, se desea comunicar a los cárteles competidores el dominio del sitio; por otro, se pretende apoderarse de la plaza, es decir, de aquellos espacios públicos importantes que han sido hasta la fecha lugar de la presencia ciudadana”.