Columna
El puercoespín
Viridiana Valencia Vargas tiene hecho un desastre los trabajos en el Congreso del Estado, su operación política y administrativa del mismo es una verdadera calamidad. Inició demostrando su incapacidad de instruirle juicio político a Nacho Peralta y los últimos dislates como son: el nombramiento del fiscal anticorrupción y la pifia de la no aprobación y su pronta aprobación -atípica– de ciertos incentivos para regularizar los automóviles. Y, por último, su abandono del Congreso durante un mes para irse a dar a luz a su bebé en los Estados Unidos, sin pedir permiso, con el único objetivo de seguir cobrando porque los trabajos sí se vieron afectados.
Por este último suceso en la prensa local se ha comentado que Viridiana Valencia es una nueva rica que, aprovechando su condición actual de diputada, usó su dinero –o dinero fiscal– para que su hijo tuviera doble nacionalidad. Calificando su comportamiento como la conducta propia de una nueva rica. Yo no creo que eso sea muy preciso. Porque aparte de ser clasista el concepto también le da demasiada importancia a las conductas de Viridiana que son mucho menores y más cercanas al aspiracionismo individual que a una nueva rica del pueblo incrustándose entre los ricos de abolengo.
A Viridiana Valencia Vargas le hacen falta algunas uves.
Carlos Fuentes en una trilogía de novelas plasmó como los nuevos ricos y poderosos políticos surgidos de la Revolución Méxicana llegaron al poder y se incorporaron a los viejos ricos de abolengo de las rancias clases sociales adineradas de origen porfirista.
En La muerte de Artemio Cruz (1962) Fuentes magistralmente relata como un viejo líder surgido de la Revolución Mexicana se integra como un nuevo rico -producto de su poder político conquistado en la gesta revolucionaría– dando origen a una nueva sociedad política y a la ampliación de las clases medias altas.
En La región más transparente (1958) Fuentes describe el complejo mundo de la sociedad mexicana, –particularmente del Distrito Federal– el fantástico mundo moderno industrializado en que se estaba convirtiendo México al dejar de ser rural para convertirse en una sociedad urbana e industrializada. Fuentes se centra en el crecimiento de las clases medias producto de la Revolución Méxicana y magistralmente describe el ascenso de las clases medias y como su expansión inexorablemente sepulta a la sociedad porfirista. La revolución había logrado la movilidad social que tanto necesitaba México.
En Los años con Laura Díaz (1999), la última novela de Carlos Fuentes, en ésta Fuentes la historia de la protagonista va siendo narrada al tiempo que la historia del país. La intención de Fuentes es recuperar la parte femenina que ha quedado diluida en la historia de un país fundamentalmente masculino, donde la herencia azteca, árabe y española la ha marginado del acontecer histórico. Es, por cierto, una novela muy recomendable para las feministas violentas que visten de negro y portan martillos. En estas novelas Fuentes ilustra como la mujer mexicana dejó su gineceo sin sultán para integrarse a la vida plena desde el hogar, la oficina, la fábrica y los espacios públicos.
Estas tres novelas Carlos Fuentes nos describe cómo la sociedad mexicana logró la movilidad social a través de la educación y la transformación económica de una sociedad cerrada e inmóvil que era la sociedad conservadora e injusta del porfiriato.
Carlos Fuentes nos da las claves de lo duro que son las clases sociales para dejar entrar en su seno a nuevos miembros.
Viridiana Valencia Vargas con su nombre lleno de uves, de primer impacto, nos evoca una triada de uves que nos llevan a las dos uves de la película Victor Victoria en el que subyace el concepto de una persona triunfadora, exitosa, pero también la ambigüedad entre hombre y mujer que plantea la película con el nombre homónimo. No, Viridiana Valencia no es Víctor Victoria ni es evocación del éxito ni el enredo ambiguo entre hombre y mujer.
Viridiana Valencia nos conduce a la uve de visión, o mejor dicho, a la falta de visión política para dirigir un proceso de transformación como el que reclama Colima. Bastaron tres meses y diez días para demostrar que ni tiene la preparación política ni académica ni la intuición ni el talento que se requieren para conducir el Congreso.
Ella está en la frivolidad.
Todo lo que sucede en el Congreso tiene un tinte fallido.
El haber fracasado en el encausamiento de Nacho Peralta, el incurrir en fallas sistemáticas en el proceso legislativo, así como los nombramientos del Bryant y del fiscal anticorrupción, no son fallas menores y mucho menos errores aleatorio, no. Son fallas de quien no está atento a su trabajo y, luego entonces, sus actos son fallidos y su tarea como coordinadora de los diputados morenistas y presidenta de la Jucopo son un desastre. Su obcecación al poder Ejecutivo es insultante.
En los procesos legislativos que deben guardarse formas y procesos legislativos rigurosos, donde debe intervenir Brenda Gutiérrez, están plagadas de desaseo jurídico y políticos que debería considerarse seriamente su remoción del cargo, pues es ineficaz.
En la frontera norte vivir en México y cruzar la frontera para parir a los hijos en los Estados Unidos es una práctica histórica, propia de quienes hacen su vida en la frontera. Los paisanos que viven en Baja California, particularmente en Mexicali o Tijuana, buscar y lograr una doble nacionalidad es una forma de vivir, de hacer la vida.
Irse a parir a los Estados Unidos desde Colima, sin pedir permiso, dejando el trabajo tirado del Congreso, sometiendo el trabajo del Congreso a un segundo plano es propio de alguien irresponsable que nos dice que Viridiana está obnubilada con su nuevo puesto y con los ingresos que este puesto le dan. Su trabajo lo manda a un segundo plano. Pareciera que el gobierno de Colima no atravesara por una crisis financiera inédita en su historia. Ella está concentrada en su aspiracionismo.
A Viridiana Valencia también le falta la uve de la virtud, pues lo suyo no es la políticano la entiende, no le da la importancia que merece, pero eso sí, cobra muy bien.
Viridiana Valencia forma parte del primer círculo del nuevo gobierno y es, junto con Eduardo Jurado, Guadalupe Solís, Indira Vizcaíno, Rosi Bayardo y Julio León, miembro del grupo denominado La mafia de las amiguis que tiene como signo distintivo: ser unos oportunistas incapaces para gobernar Colima.