Colima, México, Avanzada (03/09/2021).- El estado de Colima ocupa el tercer lugar en casos de microcefalia a nivel nacional, sólo después de Guerrero y Chiapas, de acuerdo con un estudio reciente de los investigadores Gilda Garza-Mayén, Moisés Fiesco-Roa, Sara Frías y Benilde García de Teresa.
Según cifras de la Secretaría de Salud y Bienestar Social (SSyBS) del gobierno de Colima, en el año 2017 se contabilizaron 20 casos de microcefalia en niños colimenses menores de un año y en el año 2019 la cantidad fue de 19.
La microcefalia es un defecto congénito en donde el tamaño de la cabeza del bebé es más pequeño de lo esperado en comparación con el tamaño de la cabeza de bebés de la misma edad y sexo. Los bebés con microcefalia con frecuencia tienen un cerebro más pequeño que podría no haberse desarrollado adecuadamente.
En su estudio “Microcefalia: Consideraciones para el abordaje diagnóstico”, difundido a través de la revista Criterio Pediátrico, del Instituto Nacional de Pediatría, los académicos señalan que la frecuencia mundial de microcefalia al nacimiento varía de 1 a 56 casos por cada 10,000 recién nacidos.
Esta frecuencia cambia según la región geográfica, presumiblemente por la variabilidad de causas de microcefalia. Por cada 10,000 recién nacidos se reportan 0.37 casos en México, 1.53 en Europa, en América del Sur 1 a 12 y en Estados Unidos 8.7, mientras que algunos estudios reportan predominio en el sexo masculino.
Indican que en 2015, la pandemia del virus Zika, en más de 80 países, reveló los efectos teratogénicos del virus en el sistema nervioso central y el aumento en la incidencia de microcefalia.
“En México se registraron 1% de los casos de Zika de América y la incidencia de microcefalia pasó de 0.37 antes del brote a 1.15, lo que puso de manifiesto el impacto teratogénico del virus. Los estados con mayor cantidad son: Guerrero, Chiapas, Colima, Oaxaca, Veracruz y Tabasco en los que hay poblaciones ubicadas en altitudes inferiores a los 2200 metros”.
De acuerdo con la investigación, si bien muchos casos de microcefalia son de causa desconocida, puede ser consecuencia de un estímulo externo: infecciones, desnutrición y exposición a sustancias, o bien puede ser parte del fenotipo de una gran variedad de entidades genéticas.
Hasta junio de 2020, en la base de datos OMIM (siglas en inglés de Online Mendelian Inheritance in Man) se habían reportado 996 entidades mendelianas que cursan con microcefalia.
Una clasificación completa y adecuada facilita el establecimiento del diagnóstico del paciente, por lo que, de acuerdo con revisiones previas, consideramos clasificar la microcefalia en 5 categorías complementarias y no excluyentes.
El perímetro cefálico al nacimiento es un punto de referencia fundamental para clasificar la microcefalia de acuerdo con el tiempo de aparición y la evolución, por lo que es un dato que no debe faltar en la historia clínica. En México, el certificado de nacimiento no cuenta con un espacio designado para consignar el perímetro cefálico, lo que propicia dificultades para el abordaje diagnóstico.
La evaluación inicial de un paciente con microcefalia debe ser metódica y requiere la adquisición de datos confiables y su correcta interpretación y clasificación. El perímetro cefálico es una medición directa del tamaño craneal que, típicamente, refleja el tamaño del cerebro. Su medición correcta requiere el uso de una cinta métrica flexible para definir
la circunferencia máxima de la cabeza pasando por tres puntos craneométricos: glabela, eurion y opistocráneo. También es necesario obtener la medición en, al menos, dos ocasiones, lo que asegura mayor certeza y precisión.
“En el recién nacido se recomienda medir después de las primeras 24 horas de vida, posterior a que se resuelva el moldeamiento craneal propio del parto; sin embargo, en la mayoría de los centros hospitalarios esta medición se obtiene solo inmediatamente después del nacimiento”.
Los investigadores afirman que todos los pacientes con diagnóstico de microcefalia requieren: a) recolección y análisis de los antecedentes prenatales, gestacionales y familiares.
Es importante medir y graficar el perímetro cefálico de ambos padres porque puede tratarse de un rasgo familiar; de acuerdo con la sospecha diagnóstica puede ser de utilidad un ultrasonido transfontanelar, tomografía computada o resonancia magnética para identificar las alteraciones estructurales, que convendrá evalúe el neurólogo.
El diagnóstico de microcefalia se establece cuando el perímetro cefálico del paciente es menor a -2 desviaciones estándar o por debajo del percentil 3, según la edad y el sexo.1 El diagnóstico etiológico se establece con base en los datos de la historia clínica, los antecedentes, las manifestaciones clínicas asociadas y los estudios de laboratorio y gabinete complementarios.
El estudio del paciente con microcefalia favorece la posibilidad de establecer el diagnóstico más temprano o, en su defecto, disponer de información valiosa para su atención en instituciones de tercer nivel.
La microcefalia es un hallazgo que suele ir acompañado de otras manifestaciones, casi siempre neurológicas. El 65% de los casos se asocia con retraso en el neurodesarrollo y discapacidad intelectual; de 28.3 a 43% cursan con crisis convulsivas e incluso 76% de los pacientes evaluados con resonancia magnética tienen hallazgos en el sistema nervioso central (anomalías en la sustancia blanca, alteraciones estructurales) que pueden empeorar el pronóstico del neurodesarrollo.