Con los ojos en la cara.
Escrito por: Ramiro Cisneros García.
De vez en cuando iba a conversar con los alumnos de una academia comercial muy reconocida por la calidad de sus egresadas y egresados. La plática que tenía con el alumnado era informal, es decir, no había un tema específico ni tenía programado nada especial. Iba solamente para estar con ellas y ellos un tiempo y para que la maestra Marina descansara un poco porque la jornada era muy agotadora.
En ocasiones la maestra Marina Larios me invitaba. La academia se llamaba MARELA y estaba en el centro de Tepames. Estábamos en la charla cuando alguien se detuvo a la entrada y una de las alumnas me dijo: “creo que lo buscan”. Interrumpí la sesión y salí a la puerta y eran dos muchachas que conocía porque allí conocía a toda la gente. Ambas se notaban muy afligidas y les pregunté: ¿Pasa algo? Sí me dijeron, “mi mamá acaba de morir”. Ahorita voy, les dije. Entonces una de ellas me dijo: “cuando estábamos cambiando las sábanas y barrimos, nos dimos cuenta que, debajo de la cama había algo, era como una toalla pero se sentía pesada y por eso no la sacamos y preferimos venir con usted”. Un joven que estaba cerca de mí y que era muy comedido, cuando vio que se fueron me dijo, lo voy a acompañar. En el trayecto me hizo el siguiente comentario: “si va a sacar eso, fíjese si tiene nudos…si los tiene es cosa mala”. Me apresuré, llegué a la casa y advertí un ambiente de expectación, mezcla de curiosidad, morbo y temor. Primero intenté sacar lo que allí estaba con el palo de la escoba, pero tuve algunas dificultades y entonces me incliné y luego me puse de rodillas y metí las manos y pude sacar algo que efectivamente estaba muy mojado, no solo húmedo. Era una toalla que en algún tiempo fue blanca y me la llevé al fondo del patio. Tenía varios nudos que le fui quitando uno a uno hasta desanudarlos todos. No recuerdo cuantos eran. Tampoco sabía que significado podían tener. Allá al fondo, exprimí la toalla y el agua amarillenta y espesa caía al suelo. No sentía ningún temor, solo un poco de asco. Sin pensarlo mucho y con el fin de evitar que el temor de las personas creciera, me coloqué la toalla en el cuello como si fuera una estola y regresé a donde cada vez llegaban más personas atraídas por la muerte y por misterio. También por el parentesco y la vecindad. Nadie me preguntó nada y yo solo atiné a decir: me va a servir de franela cuando limpie el carro.
Ahora, después de muchos años eso que estaba casi olvidado lo recordé porque esta mañana estuve leyendo algo sobre el Tabú y las personas, objetos y palabras tabuadas y me encontré con qué los nudos son algo que no se debe llevar en la ropa y menos aún en ciertos momentos críticos: partos, casamientos, enfermedades y muerte. Por ejemplo, “El esposo de una embarazada no debe hacer nudos durante el embarazo de su esposa; nada que pueda ligar o entorpecer el proceso que antecede al nacimiento de la criatura”.
El poder maléfico de los nudos puede manifestarse también en la imposición de enfermedades y toda clase de desgracias. Si anudar mata, desanudar sana.
Cuando desanudé la toalla, no tenía ni idea de lo que, de acuerdo a este tabú, tenía como efecto el nudo y por eso la cargué durante mucho tiempo bajo el asiento del piloto sin que ello me provocara algún efecto negativo. A veces es bueno no saber.
Según leí, el objeto del tabú es, separar a los tabuados o portadores del resto de las personas para que el peligro no los alcance ni se extienda a los demás.
El tabú tiene una misteriosa virtud y por lo mismo lleva implícita la prohibición del contacto. El rasgo predominante en los tabúes es que todos los tabuados son peligrosos y están en peligro por lo menos imaginario. Sin embargo, el peligro no es menos real porque sea imaginario. La imaginación actúa sobre el hombre al igual que la gravitación física y puede matar tan certeramente como una dosis del veneno más tóxico y letal.
El tabú es un refuerzo especial de un precepto general, dicho de otra manera, su observancia se prescribe en circunstancias que parecen apremiantes. El tabú manifiesta por lo general repugnancia a la innovación y una enorme proclividad a la superstición. El tabú es poderoso y puede tener una fuerza descomunal.
Hay en nuestros pueblos, creencias tan profundamente arraigadas que son capaces de sobrevivir a todos los avances científicos y culturales y a veces van de la mano de elementos religiosos. El tabú aísla y coloca a algunas personas en lugares tan especiales que parecen inaccesibles, que nada ni siquiera la ley o la justicia los pueden alcanzar.
Hemos estado observando y escuchando en las noticias que en este país hay muchas personas tabuadas, es decir no se les puede tocar ni con el pétalo de una rosa. Pudiéramos hacer una larga lista de personajes intocables. Lo saben, están conscientes de que son impunes y que eso los protege contra todo mal aunque haya hecho todos los males; los blinda del resto de los mortales. Su poder, su dinero, su imagen debe permanecer siempre inviolada, invicta, invencible. Tienen un seguro de impunidad “ab aeterno”. Jodidos nosotros.