Los sismos de 1985 y 2017 mantienen viva la memoria de los desastres ocurridos en septiembre, pero especialistas advierten que la preparación ante emergencias debe formar parte de la vida cotidiana y no depender de una fecha en el calendario.
México, Avanzada (19/09/2026).— Septiembre mantiene entre los mexicanos una memoria colectiva relacionada con los sismos, principalmente por los terremotos de 1985 y 2017, que dejaron graves daños y pérdidas humanas. Sin embargo, la protección civil no debe limitarse a los movimientos telúricos ni a este mes, pues la prevención ante emergencias requiere preparación permanente.
Julio Alejandro Velázquez Rodríguez, jefe del Departamento de Atención de Emergencias y coordinador de la Unidad Canina de Rescate y Detección de la Dirección General de Análisis, Protección y Seguridad Universitaria (DGAPSU) de la UNAM, explicó que México comenzó a transformar su sistema de atención de emergencias a partir de diversos acontecimientos ocurridos durante la década de los ochenta.
Entre ellos destacó la erupción del volcán Chichonal en 1982, la explosión de las esferas de gas en San Juan Ixhuatepec, en 1984, y los terremotos del 19 y 20 de septiembre de 1985.
Este último desastre evidenció las limitaciones de la respuesta gubernamental, pero también mostró la capacidad de organización de la sociedad civil. Como consecuencia, en mayo de 1986 se creó el Sistema Nacional de Protección Civil (SINAPROC), con la participación de los sectores público y privado y de instituciones académicas.
Posteriormente, en 1990, surgió el Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED), mientras que la protección civil evolucionó de una atención enfocada principalmente en rescatar y auxiliar después de un desastre hacia la Gestión Integral de Riesgos, orientada a identificar peligros, reducir vulnerabilidades y fortalecer la resiliencia.
Velázquez Rodríguez señaló que los fenómenos naturales no tienen una fecha determinada y que la magnitud de sus efectos tampoco puede anticiparse con certeza, por lo que la preparación debe convertirse en un hábito.
“La lección más importante que nos dejan décadas de evolución en la protección civil es que la acción más determinante para salvar una vida durante un sismo es la preparación previa”, afirmó.
Entre las principales recomendaciones está elaborar un Plan Familiar de Protección Civil, establecer quién ayudará a niñas, niños, adultos mayores y mascotas, identificar las zonas de menor riesgo dentro de la vivienda y definir un punto de encuentro fuera del inmueble.
También aconsejó revisar periódicamente las instalaciones de gas, electricidad y agua; fijar muebles altos, libreros, espejos y pantallas a estructuras firmes; contar con detectores de humo y gas, luces de emergencia y un extintor accesible, además de mantener productos tóxicos e inflamables en lugares seguros.
El especialista destacó que la autoprotección es responsabilidad tanto individual como comunitaria. “Si nos quedamos únicamente esperando a que la autoridad o alguien en un puesto administrativo nos salve, no es efectivo; nos tenemos que autoayudar”, sostuvo.
Durante un sismo, la recomendación general es mantener la calma y evitar correr, gritar o empujar. La decisión de evacuar o replegarse dependerá de las características del inmueble, aunque en pisos bajos puede ser posible salir hacia una zona segura si las condiciones lo permiten, mientras que en pisos superiores generalmente se recomienda replegarse en zonas internas de menor riesgo y evacuar una vez terminado el movimiento.
En el transporte público, se aconseja permanecer dentro del Metro si se encuentra en un túnel y seguir las indicaciones del personal. En autobuses, el conductor debe detener la unidad en un sitio seguro. Quienes circulen en automóvil deben disminuir la velocidad y detenerse lejos de cables, postes, puentes y estructuras elevadas. Si se camina, lo recomendable es alejarse de edificios y buscar espacios abiertos.
Después del sismo, no se debe regresar de inmediato a un inmueble que presente daños. También es necesario verificar posibles fugas de gas o afectaciones en las instalaciones eléctricas y evitar encender aparatos si existe sospecha de una fuga.
En caso de daños estructurales significativos, Velázquez Rodríguez recomendó no habitar nuevamente el inmueble hasta contar con una evaluación realizada por personal certificado de Protección Civil.
La prevención, concluyó, no consiste en vivir con miedo, sino en conocer los riesgos, prepararse y saber cómo actuar antes, durante y después de una emergencia.