Mientras los gobiernos federal y estatal promueven un acueducto de casi mil 800 millones de pesos para garantizar el suministro en Colima y Villa de Álvarez, habitantes de Manzanillo y Armería padecen cortes prolongados, fallas en pozos y redes incapaces de responder a la demanda.
Colima, México, Avanzada (17/09/2026).— Debajo del territorio colimense, donde el agua subterránea sostiene ciudades, cultivos, hoteles, industrias y la actividad del principal puerto comercial del país, cuatro acuíferos ya presentan números negativos. En la superficie, la advertencia técnica comienza a traducirse en llaves secas, escuelas sin servicio y familias obligadas a depender de pipas o recolectar agua de lluvia, como está sucediendo en la delegación de Santiago, en Manzanillo.
Los registros de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) muestran que los acuíferos Armería-Tecomán-Periquillos, Jalipa-Tapeixtles, Santiago-Salagua y Minatitlán presentan una disponibilidad media anual negativa. En conjunto acumulan un déficit de 5 millones 632 mil 843 metros cúbicos.
El problema se concentra principalmente en la franja costera, donde confluyen la agricultura, el crecimiento urbano, el turismo, la industria y la expansión portuaria. Es ahí, en los municipios de Armería, Tecomán y Manzanillo, donde se localizan tres de los cuatro acuíferos deficitarios.
La situación más crítica corresponde al acuífero Santiago-Salagua, en Manzanillo. De acuerdo con la base oficial de Conagua, recibe una recarga promedio de 24 millones 600 mil metros cúbicos al año; sin embargo, después de considerar las descargas naturales que deben conservarse y el volumen concesionado, presenta un déficit de 3 millones 118 mil 330 metros cúbicos.
Le sigue Jalipa-Tapeixtles, también relacionado con la zona urbana y portuaria de Manzanillo, cuya disponibilidad es negativa en un millón 358 mil 491 metros cúbicos. En el acuífero Armería-Tecomán-Periquillos, la extracción concesionada asciende a 211 millones 97 mil 459 metros cúbicos anuales, pese a que, después de reservar la descarga natural comprometida, únicamente quedarían disponibles 210 millones. El faltante es de un millón 97 mil 459 metros cúbicos.
La disponibilidad negativa no significa que los pozos se encuentren totalmente secos, pero sí indica que el agua comprometida y concesionada ya supera el volumen que podría extraerse adicionalmente sin afectar la sustentabilidad del acuífero.
La advertencia contenida en los documentos técnicos adquirió forma concreta en la delegación de Santiago, Manzanillo, donde habitantes de por lo menos siete colonias acumularon en septiembre más de diez días con problemas severos de abastecimiento.
La Comisión de Agua Potable, Drenaje y Alcantarillado de Manzanillo (Capdam) atribuyó la interrupción a una falla en el pozo Santiago, uno de los principales abastecedores de esa zona. Como respuesta, el organismo envió pipas, pero inicialmente no informó cuándo quedaría reparado el equipo ni en qué fecha se restablecería por completo el servicio.
El problema alcanzó viviendas y por lo menos una docena de escuelas públicas, desde preescolar hasta bachillerato. Mientras las autoridades distribuían agua de manera emergente, algunos pobladores aprovecharon las lluvias del domingo 13 de septiembre para llenar cubetas, tambos y otros recipientes, pero el agua recolectada resultó insuficiente para cubrir sus necesidades.
Además, en Manzanillo se han reportado interrupciones recurrentes por averías en pozos, fugas y rupturas de líneas de conducción. Las colonias ubicadas en zonas altas, así como sectores de Santiago, el Valle de las Garzas, el centro histórico y Chandiablo, figuran entre las zonas con mayores dificultades.
La situación tampoco es ajena a Armería. La fragilidad del sistema de abastecimiento quedó expuesta desde octubre de 2025, cuando ejidatarios de ese municipio cerraron durante varias horas las válvulas de siete pozos ubicados en sus tierras, desde donde se envía agua a Manzanillo.
La protesta dejó sin suministro a más de cien mil habitantes del puerto. Los campesinos denunciaron que durante más de cuatro décadas se ha extraído agua de su territorio para sostener el crecimiento habitacional, industrial y portuario de Manzanillo, mientras ellos enfrentan restricciones para regar alrededor de 400 hectáreas cultivadas con coco, limón, plátano y papaya. El cierre concluyó después de una negociación con representantes de la Capdam y la Conagua.
En contraste con las carencias que enfrentan las comunidades costeras, los gobiernos federal y estatal promueven el proyecto Agua para Colima, también conocido como Acueducto Zacualpan II, como la principal respuesta institucional ante la presión hídrica.
La obra tendrá una inversión aproximada de mil 780 millones de pesos e incluirá un acueducto de 21 kilómetros, dos plantas de bombeo, una planta potabilizadora, dos tanques de almacenamiento, un tanque de cambio de régimen y una nueva obra de toma.
Según la Conagua, el sistema proporcionará una segunda fuente de abastecimiento para cerca de 240 mil habitantes de Colima y Villa de Álvarez y aumentará casi 50 por ciento el volumen disponible para la zona conurbada. El objetivo es reducir la vulnerabilidad del actual acueducto de Zacualpan, que aporta aproximadamente 40 por ciento del agua potable consumida en ambas ciudades y que ya alcanzó el límite de su capacidad operativa.
La dependencia federal sostiene que el nuevo sistema permitirá atender la demanda durante los próximos 30 años. Sin embargo, el Acueducto Zacualpan II no resolverá por sí mismo los problemas de abastecimiento en todo el estado: su cobertura se concentra en Colima y Villa de Álvarez, no en Manzanillo, Armería o Tecomán, donde se localizan tres de los acuíferos con disponibilidad negativa.