Ciudad de México, Avanzada (17/08/2026).- Las nuevas tecnologías, los cambios demográficos y la evolución de la economía están modificando de manera acelerada la forma en que se organiza el trabajo y las capacidades que requieren las empresas. De acuerdo con el Foro Económico Mundial (WEF), entre 2025 y 2030 alrededor de 22 por ciento de los empleos se transformará a nivel global, mientras que dos de cada cinco habilidades requeridas actualmente cambiarán o quedarán obsoletas.
En México, el impacto de la inteligencia artificial también comienza a reflejarse en las estrategias empresariales. El 95 por ciento de las organizaciones prevé que esta tecnología modificará sus operaciones, de acuerdo con datos retomados por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), que identificó seis tendencias que están redefiniendo la relación entre educación y empleo.
Una de ellas es el creciente valor de las llamadas habilidades blandas. El IMCO señala que tres de las cinco capacidades que los empleadores consideran más importantes hacia 2030 serán humanas, por lo que el desarrollo de pensamiento crítico, creatividad, adaptabilidad y criterios éticos será tan relevante como el dominio de herramientas tecnológicas.
Ante este panorama, las universidades enfrentan el desafío de incorporar la inteligencia artificial de manera transversal en sus programas, sin perder de vista que los cambios acelerados en los planes de estudio también pueden resultar contraproducentes frente a una tecnología que evoluciona constantemente.
Otra transformación ocurre en las formas de aprendizaje. El modelo tradicional basado en carreras rígidas comienza a convivir con alternativas más flexibles y centradas en competencias. México cuenta con 7.3 millones de personas inscritas en Coursera y, tan solo en 2025, las inscripciones a cursos de inteligencia artificial generativa aumentaron 356 por ciento.
Estas opciones permiten actualizar conocimientos con mayor rapidez, aunque también plantean riesgos. La fragmentación del aprendizaje, las desigualdades en el acceso a internet y dispositivos, así como el posible reconocimiento creciente de las microcredenciales en el mercado laboral, podrían modificar los incentivos para cursar licenciaturas y carreras técnicas.
La dimensión territorial representa otro de los retos. La transición digital, climática y demográfica no avanza de la misma manera en todas las regiones del país. El número de entidades con especialización en áreas STEM —ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas— pasó de cinco en 2017 a siete en 2025.
A esto se suma que los 232 proyectos de inversión en desarrollo registrados por Banobras requerirán perfiles relacionados con ingeniería, operación técnica, mantenimiento, energía, logística y gestión ambiental. Para el IMCO, las diferencias regionales en infraestructura y formación podrían ampliar las brechas existentes entre las entidades si no se fortalecen las capacidades locales.
El mercado laboral también está modificando los llamados puestos de entrada, aquellos que tradicionalmente permiten a los jóvenes incorporarse por primera vez a una empresa. Aunque todavía no existen datos que permitan atribuir a la inteligencia artificial una sustitución generalizada, estos empleos pasaron de crecer cerca de 9 por ciento anual en 2021 a registrar variaciones menores a 3 por ciento entre 2023 y 2025.
Una reducción de estas oportunidades puede dificultar el acceso al mercado laboral para quienes carecen de experiencia y limitar los espacios donde se adquieren conocimientos prácticos. Al mismo tiempo, puede afectar la formación de futuros especialistas y cuadros directivos, así como la transferencia de conocimiento dentro de las organizaciones.
El IMCO también identifica un cambio gradual en los criterios de contratación. En lugar de considerar únicamente la carrera cursada o el grado académico, algunas empresas comienzan a prestar mayor atención a las habilidades que una persona puede demostrar. En México, uno de cada cinco empleadores prevé dar prioridad a las competencias al momento de contratar.
Aunque este modelo puede favorecer a personas con trayectorias educativas no tradicionales, también obliga a desarrollar mecanismos confiables para comprobar las capacidades de los candidatos. Por ahora, el título universitario conserva importancia, aunque deja de ser suficiente como única señal de preparación para ocupar un puesto.
Finalmente, el aprendizaje a lo largo de la vida adquiere mayor relevancia ante la velocidad con la que cambian las necesidades del mercado. El WEF estima que, de cada 100 trabajadores, 54 necesitarán actualizar sus habilidades o capacitarse para desempeñar una función diferente hacia 2030.
El reto consiste en evitar que esta necesidad de capacitación profundice las desigualdades laborales. Si las oportunidades de actualización se concentran principalmente entre quienes trabajan en empresas grandes y formales, los trabajadores de sectores con menor acceso a capacitación podrían quedar rezagados.
Para el IMCO, la respuesta requiere una mayor coordinación entre empresas, instituciones educativas y autoridades. El talento que demandará la economía mexicana no dependerá únicamente del dominio de nuevas tecnologías, sino de la capacidad para combinarlas con pensamiento crítico, creatividad, adaptabilidad y aprendizaje permanente.
En este contexto, la competitividad del país estará vinculada a su capacidad para ofrecer distintas vías de formación y actualización, dentro y fuera de las aulas, y para acercar esas oportunidades a las distintas regiones y sectores de la población. El desafío será preparar a las personas no solo para los empleos que existen actualmente, sino para un mercado laboral que continuará cambiando.