Avanzada (31/07/2026).- La respuesta internacional frente al VIH enfrenta uno de sus escenarios más complejos de los últimos años. Durante la 26.ª Conferencia Internacional sobre el Sida (AIDS 2026), celebrada en Río de Janeiro, el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/Sida (ONUSIDA) advirtió que los recortes al financiamiento internacional y el deterioro de las garantías en materia de derechos humanos podrían revertir los avances logrados en el combate a la epidemia.
De acuerdo con un informe especial presentado durante el encuentro, en 2025 el mundo volvió a incumplir las metas globales relacionadas con el VIH. Ese año se registraron 1.2 millones de nuevas infecciones y 570 mil muertes asociadas con el sida. Aunque ambas cifras representan los niveles más bajos de las últimas tres décadas, el organismo subrayó que los progresos siguen siendo vulnerables y podrían perderse sin una respuesta sostenida.
Actualmente, alrededor de 41 millones de personas viven con VIH en el mundo. Sin embargo, casi nueve millones no tienen acceso a tratamiento antirretroviral, mientras que entre la población infantil la situación es aún más preocupante, ya que casi la mitad de los niños con el virus permanece sin atención médica.
Uno de los principales focos de alerta es la disminución del financiamiento internacional. Según ONUSIDA, durante 2025 los recursos externos destinados a programas contra el VIH en países de ingresos bajos y medios disminuyeron 18 %, alcanzando su nivel más bajo en casi dos décadas. La reducción afecta especialmente a los programas de prevención y a las organizaciones comunitarias que atienden a los grupos más vulnerables. En algunos países, los presupuestos para la compra de preservativos se redujeron en más de 90 %.
Durante la presentación del informe, la directora ejecutiva de ONUSIDA, Winnie Byanyima, señaló que la etapa de depender de la ayuda internacional ha llegado a su fin y llamó a replantear el financiamiento de la respuesta mundial al VIH, incluyendo mecanismos de reestructuración de deuda para los países con mayores afectaciones.
El organismo también destacó los avances científicos alcanzados en los últimos años, entre ellos el desarrollo del lenacapavir, un medicamento inyectable de acción prolongada para la prevención del VIH que únicamente requiere dos aplicaciones anuales. Un acuerdo reciente permitirá que, a partir de 2027, tenga un costo aproximado de 40 dólares por persona al año en países de ingresos bajos, aunque ONUSIDA advirtió que el acceso continúa siendo desigual.
Brasil figura entre los países que han fortalecido sus estrategias de prevención, con un incremento de 41 % en el uso de la profilaxis preexposición (PrEP). No obstante, al no contar con una licencia voluntaria para fabricar lenacapavir, analiza emitir una licencia obligatoria que permita producir versiones genéricas del medicamento. Al respecto, Byanyima sostuvo que “la innovación sin acceso no es innovación, es injusticia”.
El informe también advierte sobre el impacto que tiene el retroceso en derechos humanos sobre la respuesta a la epidemia. Durante 2025 y 2026, varios países endurecieron legislaciones que criminalizan a poblaciones clave. Burkina Faso y Níger aprobaron normas contra las relaciones entre personas del mismo sexo, mientras que Senegal reforzó este año sus sanciones. En total, 168 países penalizan el trabajo sexual y 66 mantienen leyes que castigan las relaciones homosexuales, condiciones que incrementan el estigma y dificultan el acceso a los servicios de salud.
Pese a este panorama, ONUSIDA destacó que existen ejemplos de éxito. Benín, Esuatini, Kenia, Lesoto, Nepal, Ruanda y Zimbabue han logrado reducir cerca de 80 % las nuevas infecciones por VIH desde 2010, mientras que once países ya alcanzaron las metas internacionales conocidas como 95-95-95, enfocadas en ampliar el diagnóstico, garantizar el tratamiento y lograr la supresión viral.
Asimismo, en junio de 2026, 149 Estados miembros de las Naciones Unidas aprobaron una nueva Declaración Política sobre el VIH y el Sida con objetivos para 2030, entre ellos brindar tratamiento a 40 millones de personas y ampliar el acceso a herramientas de prevención para otros 20 millones. ONUSIDA estima que, si estos compromisos se cumplen, podrían evitarse 3.2 millones de nuevas infecciones y 1.3 millones de muertes relacionadas con el sida antes del final de la década.
El mensaje de la conferencia celebrada en Río de Janeiro fue contundente: la comunidad internacional cuenta con los avances científicos necesarios para poner fin al sida como una amenaza para la salud pública, pero alcanzar ese objetivo dependerá de que los gobiernos fortalezcan la inversión, garanticen el acceso equitativo a los tratamientos y protejan los derechos humanos de las poblaciones más afectadas.