Autor: Mario Alberto Solís Espinosa.
Malas Compañías
La fractura institucional que enfrenta la Secretaría de Educación Pública (SEP) luego del cese de Marx Arriaga en la Dirección de Materiales Educativos, podría convertirse en una oportunidad inmejorable para revisar y evaluar el modelo de la Nueva Escuela Mexicana (NEM) que se aplica desde 2022.
Más de tres años después y sin mediciones confiables, debido a la reticencia que muestra el régimen morenista a todo aquello que permita diagnosticar y conocer resultados de sus políticas públicas, es imposible saber el impacto que han tenido los planes y programas elaborados durante el gobierno pasado.
Los nuevos paradigmas educativos, diseñados en buena parte por el defenestrado Arriaga, pretendían cambios estructurales en la instrucción pública nacional, pero esas ambiciosas proyecciones nunca fueron acompañadas en los hechos por la Secretaría de Educación.
Y es que, durante la Cuarta Transformación, esa dependencia ha sido utilizada como trampolín político o refugio de incondicionales. Actualmente es liderada por un personaje que entiende más de operación política que de pedagogía, además de que es recordado como operador de la reforma educativa peñanietista de 2013.
La urgencia de llevar los postulados lopezobradoristas al sector educativo precipitó la reforma a los planes y programas de estudio. Si bien necesarias, esas modificaciones se concibieron en tertulias de prosélitos, más al calor de ideologías y buenas intenciones que del rigor científico necesario para una empresa de estas dimensiones.
Si el alumbramiento de la NEM fue poco idóneo, su ejecución y operación han sido un desastre. Los documentos básicos del nuevo modelo, incluyendo los libros de texto gratuito, pretendían una transformación radical que nunca se socializó con el magisterio y que incluso generó polarización con diversos sectores de la sociedad.
La falta de acompañamiento y claridad por parte de la SEP generó múltiples interpretaciones del nuevo modelo educativo; sin cohesión ni objetivos compartidos, los docentes entienden la NEM como pueden y con lo que tienen a su alcance.
Los libros de texto gratuitos, a la vez vituperados por sectores reaccionarios y ensalzados por radicales del oficialismo, ni siquiera están funcionado como apoyo para miles de docentes que no les encuentran sentido ni utilidad práctica en las aulas, por su contenido incompresible para los estudiantes, sobre todo en el nivel secundaria.
Por todo lo anterior resulta indispensable que, al margen del rejuego político generado a partir de la salida de Marx Arriaga, los funcionarios que sí conocen el verdadero sentido y propósito de esa importante dependencia comiencen un proceso de revisión y evaluación a la Nueva Escuela Mexicana.
Como en otros sectores, en el educativo se presume una transformación estructural, sin embargo, tampoco en este caso existen mediciones que indiquen la viabilidad o resultados de los cambios realizados. No sabemos, porque el gobierno no quiere saber, sí vamos por buen camino o se están perdiendo generaciones enteras por la terquedad de unos cuantos.
Es momento de que el gobierno federal, desde la Secretaría de Educación Pública, implemente herramientas, indicadores y otras estrategias para analizar con profundidad el alcance del modelo educativo actual. La NEM no debería ser inamovible, se puede y debe corregir aquello que no está funcionando.
La educación en México no puede estar sujeta al apostolado de unos cuantos iluminados, ni al criterio vertical de las autoridades y mucho menos al cada vez más obsoleto e inútil sindicato magisterial, tiene que concebirse como un bien nacional ajeno a las cambiantes ideologías del régimen en turno.
Ya la Cuarta Transformación acumula fracasos evidentes en materia de seguridad y salud; si no quiere que ocurra lo mismo en el sector educativo tiene que movilizarse hacia una profunda revisión del actual modelo, al país no le sirven los dogmas inamovibles.
BREVE HISTORIA PARA CAMILA. En menos de un mes, el Tiberius y sus humanos hemos sufrido serios ataques de perros sueltos. Los percances ocurrieron en la zona de Las Palmas y Santa Bárbara. Si fuera un incidente aislado se podría entender como mala suerte, pero esto va más allá del infortunio y parece una tendencia. Los animales no son responsables, sino quienes están a cargo de ellos. Los canes son de casa, no callejeros, pero se encontraban sueltos al momento de atacar a nuestro noble y pacífico Tiberius, quien por cierto sí sacó de estos encuentros algunas heridas. Es deseable que quienes tienen animales de compañía los atiendan y cuiden debidamente. Sería muy lamentable que la indolencia provocara incidentes más graves.