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Sus familiares ofrecían 500 mil de recompensa; su cadáver estuvo nueve años en el Semefo

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Tras una travesía marcada por marchas, denuncias y la esperanza intacta de su madre, la joven desaparecida en 2017 fue identificada en el Servicio Médico Forense de Tlaxcala, donde permaneció años sin nombre.

Ciudad de México, Avanzada (18/02/2026).- La mañana del 20 de julio de 2017 comenzó como cualquier otra. A las 7:30 horas, Elena Liliette Álvarez López salió de su casa rumbo al trabajo. Vestía pantalón azul claro, chamarra del mismo tono, botines negros y un cinturón de cadena. Nadie imaginó que esa imagen sería la última que su familia conservaría durante años.

No llegó a su empleo. Tampoco respondió llamadas. Con el paso de las horas, la incertidumbre se convirtió en angustia y, más tarde, en una búsqueda que se extendería por ocho años y siete meses. La desaparición fue reportada en la alcaldía Benito Juárez de la Ciudad de México, aunque su último rastro la ubicaba en Tlalpan. Desde entonces, su nombre se sumó a las listas de mujeres no localizadas en la capital del país.

Su madre emprendió una cruzada que la llevó a tocar puertas en dependencias, recorrer fiscalías, participar en brigadas con otras madres buscadoras y difundir el rostro de su hija en redes sociales. La familia incluso ofreció una recompensa de hasta 500 mil pesos para quien aportara información que ayudara a encontrarla. Buscaron en la Ciudad de México y en otros estados, aferrándose a la posibilidad de hallarla con vida.

El desenlace llegó de la forma más dolorosa. Una llamada telefónica alertó a la familia: Elena había sido localizada sin vida en el estado de Tlaxcala. Sus restos se encontraban en el Servicio Médico Forense de la entidad desde 2017, pero permanecieron en calidad de desconocida durante años.

“Después de 8 años y 7 meses de búsqueda incansable, hoy puedo decir que mi camino como madre buscadora llega a un final que jamás imaginé, pero que necesitaba para poder respirar”, escribió su madre en redes sociales. En otro mensaje, añadió: “Hoy mi niña ha sido localizada sin vida. No es el regreso que soñé. No es el abrazo que esperé durante tantas noches. Pero al fin vuelve a casa”.

La familia denuncia que, aunque Elena fue ingresada al Semefo en 2017, la notificación oficial se realizó cinco años después, cuando aún figuraba como persona no identificada. Esa demora, señalan, prolongó innecesariamente la incertidumbre y el sufrimiento.

Elena tenía 33 años. Dejó a sus hijas en la orfandad. Sus familiares la recuerdan como una mujer trabajadora y dedicada, una madre que —afirman— siempre procuró el bienestar de las suyas.

La historia de su desaparición y posterior localización reabre cuestionamientos sobre los procesos de identificación forense y la coordinación entre autoridades de distintas entidades. Para su madre, sin embargo, el ciclo de búsqueda terminó con un desenlace que nunca deseó, pero que le permite, al menos, despedirse.

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