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COLIMA

Arden los negocios en Colima: la geografía del miedo

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Colima, México, Avanzada (08/12/2025).- El pasado 4 de diciembre la noticia llegó, envuelta en un intento de alivio oficial: una mujer había sido detenida, presuntamente responsable de un incendio que consumió  parte del restaurante de maricos Don Camarón, ubicado entre Colima y Villa de Álvarez. La Fiscalía difundió el parte como si un solo nombre pudiera reducir el largo inventario de llamas que, desde hace meses, va apagando la vida  nocturna y comercial de la zona conurbada.

Pero en las calles, entre los comerciantes que bajan las cortinas antes de que oscurezca, la sensación es otra: una detención no alcanza para explicar la oleada de incendios, extorsiones y ataques que han empujado al cierre a negocios emblemáticos, algunos con años de historia. La captura suena, más bien, a una piedra arrojada al incendio para que parezca que el asunto está bajo control. Porque lo cierto es esto: los negocios se siguen quemando, los robos siguen sucediendo, incluso en espacio como templos religiosos, y las respuestas siguen ardiendo en silencio.

Este año ardió Sushi 314, allá por la lateral del Tercer Anillo. También se consumió El Atracadero, en avenida Niños Héroes. Los bomberos llegaron cuando ya no quedaba prácticamente mucho que rescatar.

En Villa de Álvarez, La Palapa del Real se convirtió en una fogata que iluminó por un instante un fraccionamiento que preferiría permanecer a oscuras. Afuera de los acordonamientos improvisados. Antes, el bar: Jala la Jarra bajó sus cortinas tras los episodios de violencia. Cerraron Los Maderos de Don Juan, otro de esos sitios de tradición local que acabó claudicando entre amenazas y silencios.

Y cerró también Barezito, donde semanas antes de su cierre definitivo,  un hombre fue asesinado a quemarropa en medio de un sábado que debía haber sido festivo. El ataque terminó por ponerle punto final al lugar. El Camarón Pealo se sumó a la lista de negocios cerrados, arrastrado por la misma incertidumbre que atraviesa a la ciudad como una corriente eléctrica. También, Don Camarón, así como una palapa de mariscos cercana a Rancho Blanco

En el discurso oficial, los incendios aparecen como hechos aislados; en el ánimo social, como parte de un guion que se repite con demasiada exactitud. Los comerciantes hablan entre ellos, bajito, como si estuvieran dentro de una sala de interrogatorio. Los vecinos se acostumbran a despertarse con la sirena lejana y la columna de humo que sube como si señalara una nueva pérdida.

Colima, que no hace mucho presumía su calma por ser uno de los estados más seguros del país, hoy camina mirando hacia atrás. Cada cierre, cada local ennegrecido, cada terraza vacía, va construyendo una geografía del miedo.

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