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Pablo Gómez, la paradoja

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EDITORIAL

Pablo Gómez Álvarez, el militante izquierdista que desde su juventud luchó tenazmente por la apertura democrática del sistema político mexicano, dominado entonces por la hegemonía priista, enfrenta ahora una paradoja: A sus casi 80 años podría convertirse en el artífice de una reforma electoral que parece encaminada a consolidar un pretendido nuevo sistema hegemónico, el de la autodenominada “Cuarta Transformación”, con Morena como partido oficial junto con sus aliados satélites.

Parafraseando lo que escribió con agudeza José Emilio Pacheco en su poema “Antiguos compañeros se reúnen”, el actual titular de la Comisión Presidencial para la Reforma Electoral ya está convertido en todo aquello contra lo que luchó a los veinte años.

Desde el movimiento estudiantil de 1968, cuando tenía 22 años, es recordado Pablo Gómez manifestándose, posteriormente fue detenido a causa de su activismo y encerrado en la cárcel de Lecumberri, de donde salió en 1971, retomó sus estudios y fortaleció su participación en la lucha social.

Pocos años después, a raíz de la reforma política de 1977, operada por el entonces secretario de Gobernación, Jesús Reyes Heroles, el sistema electoral mexicano pretendió airearse introduciendo la figura de los diputados de representación proporcional, conocidos como plurinominales, con los que se dio voz y presencia a las minorías, para las que en aquellos tiempos resultaba casi imposible ganar una elección.

Fue así que desde la primera elección con esta modalidad, en 1979, Pablo Gómez se vio beneficiado y pudo convertirse en integrante de la Cámara de Diputados, a cuya tribuna trasladó asuntos de la lucha social y política. Y no fue la única vez que fue legislador por la vía plurinominal, pues repitió en varias ocasiones bajo ese mismo mecanismo, y cuando tuvo oportunidad también fue senador de representación proporcional y diputado local de la Ciudad de México.

Autor de diversos libros como “Democracia y Crisis Política en México” (1976), “La Izquierda y la Democracia” (1984) y “México 1988: Disputa por la Presidencia y Lucha Parlamentaria” (1989), Pablo Gómez es reconocido en el pasado por “su defensa de dos convicciones políticas: la necesidad de equilibrar el poder presidencial con un Congreso fuerte y representativo, y la importancia de que las cámaras legislativas se integren de forma proporcional a los votos de los ciudadanos para evitar que sean dominadas por la mayoría en el poder”.

Es por lo anterior que causa extrañeza la postura que ha asumido a últimas fechas, refiriéndose con gran severidad y desdén a la figura de los legisladores de representación proporcional, como si hubiese olvidado que gracias a esa ella él y muchos de sus compañeros opositores minoritarios tuvieron acceso a espacios en el Congreso de la Unión, donde pudieron abrir caminos democráticos poco a poco.

En una reciente entrevista que le realizó el diario El Financiero, Gómez Álvarez consideró que las posiciones de los legisladores plurinominales en el Congreso “solo han representado a las minorías ínfimas de las cúpulas de los partidos, no a la democracia ni a los ciudadanos; hay que buscar una nueva fórmula”.

En el programa EntreDichos, de El Financiero TV, conducido por el periodista René Delgado, Gómez dijo además que “la gran bolsa del financiamiento público terminó por “corromper a los partidos” y contribuyó a la “falta de militancia”.

Habría que preguntarse si esos planteamientos que realizó Pablo Gómez tienen que ver con un ejercicio de autocrítica o si de plano ya no recuerda cómo tuvo él la oportunidad de obtener las curules que ocupó en las cámaras de diputados y de senadores en el Congreso de la Unión.

Sin desmentirlo, porque le asiste mucho de razón en lo que afirma de que los legisladores de representación proporcional “solo han representado a las minorías ínfimas de los partidos” sólo hay que hacerle notar que por el número de veces que fue legislador “pluri”, él también podría entrar dentro de la categoría de “minoría ínfima de las cúpulas de los partidos” que se han beneficiado de los puestos por esa vía. Aunque lo anterior sea real, no quiere decir que la figura de representación proporcional sea negativa, sino que si nos ponemos analizar, los vicios no solo se encuentran en los legisladores pluris, sino también en los de mayoría relativa. El problema es que ni unos ni otros cumplen con el deber de representar de manera genuina a la ciudadanía, como lo establece la ley. En realidad a quienes representan es a sus partidos, a una facción de éstos o a los titulares de los poderes ejecutivos tanto federal como estatales que son quienes realmente los hicieron llegar al poder. Y esto sigue ocurriendo hasta ahora con la 4T, que continúa reproduciendo los mismos esquemas nefastos.

Entonces es ese uno de los factores que se requerirían transformar: establecer mecanismos para que los legisladores realmente representen a la ciudadanía, se conviertan en un auténtico poder legislativo, independiente del Poder Ejecutivo, aún cuando éste sea mayoritariamente afín al mismo partido.

Pero de ninguna manera deben cerrarse espacios a las minorías políticas del país, pues si realmente queremos fortalecer la democracia hoy más que nunca se necesita que todas las expresiones estén representadas en los órganos de poder.

Ese es solo un tema de los que formarán parte de la reforma electoral. Habrá que estar atentos para ver qué camino sigue este asunto y veremos también si Pablo Gómez insististe en contradecirse o retoma otro camino.

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