En política, los discursos grandilocuentes tienen poco valor cuando se pronuncian para esquivar un tema y no para afrontarlo. Durante dos semanas, la gobernadora Indira Vizcaíno Silva tuvo presencia pública en diversos actos oficiales, pero en ninguno abordó el asunto que hoy la coloca bajo cuestionamiento: las empresas que ella y su familia constituyeron en mayo pasado en el mismo sector que su gobierno impulsa con recursos públicos.
Este sábado, en Manzanillo, junto a la presidenta Claudia Sheinbaum, rompió parcialmente ese silencio. No lo hizo con una respuesta directa, sino con un mensaje cuidadosamente construido para evocar —sin mencionarlos— los preceptos de la 4T: no mentir, no robar, no traicionar al pueblo. En su lugar, aseguró que su actuación responde al anhelo de construir una patria justa y próspera. Palabras que, sin contexto, pueden inspirar. Pero con el contexto que hoy conocemos, resuenan huecas.
Porque aquí el debate no es si la gobernadora puede o no tener empresas —la ley lo permite—, sino si es ético que esas empresas tengan el mismo objeto social del proyecto emblema que su gobierno impulsa: MerColima. La coincidencia no es menor. Significa operar en un terreno donde la línea entre la gestión pública y el interés privado se vuelve peligrosamente borrosa.
En 2021, Vizcaíno ridiculizó a los políticos que salían del cargo más ricos que cuando llegaron y defendió la honestidad como una obligación. Hoy, sus actos contradicen ese discurso. Y el intento de responder con frases sobre el compromiso con el pueblo no disipa las dudas; las multiplica.
Cuando una gobernadora asiste a eventos durante dos semanas y evita de forma sistemática hablar del tema, para finalmente aludir a él solo con referencias abstractas, el mensaje es claro: no está dispuesta a rendir cuentas. La congruencia, que ella misma proclamó como bandera, se diluye entre los aplausos controlados y las metáforas de “transformación”.
En política, la credibilidad se gana con hechos, no con discursos que evitan lo esencial. Y en este caso, el hecho central sigue intacto: la gobernadora y su familia hicieron negocios en el sector que su gobierno promueve. Mientras no lo explique de frente, su palabra seguirá bajo sospecha.