Autor: Sergio Escareño.
En el Colima de hoy, gobernado por la estética del simulacro, la cultura y el arte se enfrentan no solo al abandono, sino a la humillación disfrazada de inversión. Mientras la flamante gobernadora presume la rehabilitación del parque Griselda Álvarez por más de 100 millones de pesos y anuncia con fanfarria un nuevo museo de la naturaleza —como si de una gestión ilustrada se tratara—, el Museo de Arte Contemporáneo “Don Jorge Chávez Carrillo” se cae a pedazos. Lo que antes era un referente de las artes modernas y la memoria de uno de nuestros más grandes artistas colimenses, hoy es un testimonio del desprecio institucional por lo verdaderamente valioso.
No sería extraño que el gobierno estatal termine por “reconvertir” ese espacio, desplazando su vocación cultural por algún otro uso funcional al espectáculo político. No sería la primera vez que una administración en Colima rehúye su responsabilidad patrimonial para montar una escenografía que le rinda más en redes sociales.
Frente a esta omisión institucional, algunos trabajadores de la Subsecretaría de Cultura —sin recursos, sin equipo, sin respaldo— hacen lo que pueden para rehabilitar la escultura del arquitecto Juan José Virgen, símbolo de las letras colimenses. Lo hacen poniendo dinero de su propio bolsillo, lo hacen con las uñas, con voluntad, pero sin medios. Comprar un foco, una extensión, una brocha… todo sale de sus salarios, no del presupuesto. Todo lo hacen ellos, mientras el subsecretario se asegura de que “se vea bien”, aunque no le cueste ni un peso. Qué fácil es administrar la cultura cuando no se siente ni el compromiso ni la carga.
Este abandono no es nuevo, pero cada día se vuelve más ofensivo. No hay presupuesto oficial para la rehabilitación de obras ni para el mantenimiento de los espacios. Lo que debería ser política cultural se ha vuelto caridad de escritorio. No hay un plan, no hay visión, y mucho menos, una voluntad real de respaldar a la comunidad artística de Colima.
Por eso fue alentador asistir a la primera asamblea estatal de artistas, creadores, deportistas extremos y comunidad LGBTQ+. Ahí, 25 representantes de colectivos de todo el estado —de Tecomán, Coquimatlán, Villa de Álvarez, Colima— compartimos problemáticas, pero también iniciativas: espacios, apoyos, estímulos, redes. Se recabaron firmas para respaldar una carta dirigida a la presidenta Claudia Sheinbaum, buscando que desde la Federación se escuche lo que aquí se niega sistemáticamente: la voz de los creadores colimenses.
La cultura no puede seguir siendo un adorno para la propaganda gubernamental. Si se sigue privilegiando el espectáculo por encima del contenido, lo simbólico por encima de lo real, nos quedará sólo rezar para que el santo patrono de Colima nos acoja… porque del gobierno, nada.
Es cuánto.