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COLIMA

La tentación de la censura, enseñanza del pasado

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Malas Compañías

Autor: Mario Alberto Solís Espinosa.

La libertad de expresión y el necesario derecho a la crítica viven tiempos difíciles; por todo el país se replican acciones que desde el poder buscan silenciar las ideas e imponer una narrativa única, acorde con los intereses y visiones de las cúpulas gubernamentales.

Como sucedió en los gobiernos priistas, las autoridades emanadas de Morena utilizan todos los recursos a su disposición para intimidar y silenciar voces que consideran incómodas. Más grave todavía, pretenden institucionalizar la censura a través de la modificación de las leyes en los estados.

En Puebla, la mayoría oficialista aprobó la Ley de Ciberseguridad, misma que castiga hasta con tres años de cárcel las ofensas en redes sociales. Con el pretexto de combatir el ciberasedio; con esa nueva figura, las autoridades de ese estado tienen la atribución de perseguir a quienes expresan sus opiniones a través de redes sociales.

Alejandro Armenta, gobernador de dicha entidad, ya había dado muestras públicas de intolerancia a los cuestionamientos, al lanzarse en contra un comunicador y amenazarlo con llevarlo a los tribunales, por una publicación que luego se comprobaría no era adjudicable al periodista.

Mientras que en Campeche, la gobernadora Layda Sansores demandó a un periodista por supuestamente incitar al odio en su contra. La víctima de la persecución ya fue vinculada a proceso por la Fiscalía local y se le ordenó pagar una indemnización de 2 millones de pesos; además de que se ordenó el cierre de una plataforma noticiosa donde colaboró el acusado.

Pronto olvidó la mandataria del sureste que ella misma, en el pasado reciente se valió de la libertad de expresión que ofrecen las redes sociales para endilgar todo tipo de acusaciones, muchas de ellas sin comprobar (aunque no por ello descartables), en contra del dirigente del PRI, Alejandro Moreno.

Antes, el gobierno federal ya había propuesto, en la iniciativa para la nueva Ley Federal de Telecomunicaciones, ejercer la facultad de bloquear plataformas digitales, incluyendo por supuesto a medios de comunicación, por eventuales incumplimientos a disposiciones elaboradas por las mismas instancias oficiales.

La inconformidad social provocó que la iniciativa fuera congelada, sin embargo quedó evidenciada la proclividad del gobierno a controlar todo lo que se publica, siempre con fines de censura o restricción para los contenidos que exponen las insuficiencias del actual régimen.

En Colima, desde los tiempos del priismo es práctica común la existencia de perfiles anónimos que acosan a medios u opinadores que no se ciñen a las narrativas oficiales; también continúa la nociva tradición de cerrar espacios a todos aquellos periodistas que son incómodos a los funcionarios. Nada ha cambiado con la transformación.

Con la marca de Morena, desde el poder se insulta y estigmatiza a quienes no propalan las versiones oficiales. De inmediato se adjetiva con el espantajo del conservadurismo a quienes están dispuestos a no alinearse con el pensamiento único que evidentemente trata de instaurarse desde la Cuarta Transformación.

Ciudadanos y periodistas que ejercieron su derecho a la crítica en los más nefastos tiempos del PRIAN y ahora hacen los mismo en el régimen morenista, sufren los embates del poder, son señalados y marginados por que en esencia, el sistema continúa siendo el mismo.

Al igual que sus antecesores, los gobernantes morenistas, tal vez por los orígenes priistas de muchos de ellos, conciben la crítica como un ataque doloso, no como el ejercicio de los derechos fundamentales; por lo tanto, se sienten autorizados para silenciar dichas expresiones a través de diversos métodos, como ocurre en diversas partes del país.

La nueva casta en el poder abomina en el discurso a sus antecesores, pero en los hechos imitan las viejas prácticas del control mediático; disponen de los recursos destinados a la publicidad oficial para premiar o castigar a quienes ejercen el periodismo, adjudicando contratos a discreción y omitiendo la necesaria promulgación de reglas claras en esa complicada relación gobierno-medios.

La opacidad, la censura y la persecución a las voces disidentes no desaparecieron con la extinción del antiguo régimen, por el contrario, en muchos casos tales prácticas se radicalizaron y amenazan el ejercicio del derecho a la crítica. El disenso no es bien visto y en algunos casos hasta se criminaliza, como en los tiempos más oscuros del pasado reciente.

El respeto a la libre expresión representa la madurez democrática de un país y de sus gobernantes, un ideal que en México está muy lejos de alcanzarse, a juzgar por la actuación de autoridades que utilizan como propios los dogmas del priismo más represor.

BREVE HISTORIA PARA CAMILA. La princesa ya recibió su primer sueldo por el trabajo desempeñado en los días anteriores. Es una buena noticia, pues entenderá el valor del esfuerzo y la responsabilidad, también que no hay camino fácil para alcanzar objetivos personales, son enseñanzas que solo la práctica puede dejar. Cierto que hace falta su presencia, pero también me complace que viva una experiencia que dejará huella en su vida.

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