Colima, México, Avanzada (08/06/2025).- En una semana marcada por una sangrienta escalada de violencia, con 13 personas asesinadas y 5 heridas en distintos puntos del estado, la gobernadora de Colima, Indira Vizcaíno Silva y la alcaldesa de Manzanillo, Rosa María Bayardo Cabrera, mantuvieron una agenda centrada en eventos protocolarios y espectáculos que, para muchos ciudadanos, contrastan de manera dolorosa con la cruda realidad de inseguridad que se vive en las calles.
Este martes, la gobernadora Vizcaíno participó en el arranque del boteo del Teletón, en el que, visiblemente conmovida, expresó su solidaridad con los niños que podrían beneficiarse de un futuro centro de rehabilitación en Colima. Sin embargo, el discurso emotivo y el acto protocolario contrastaron con las múltiples tragedias que han afectado a los niños en Colima, muchos de los cuales se encuentran en la orfandad o fueron heridos por el fuego cruzado del crimen organizado. De ellos, nada se dijo.
Mientras tanto, los eventos de seguridad que requieren su atención —como el fortalecimiento de la estrategia contra el crimen— han quedado relegados en el orden de prioridades. Durante los últimos seis días, se registraron asesinatos prácticamente a diario, con escenas violentas que se repiten en los municipios de Colima, Manzanillo, Tecomán y Villa de Álvarez.
En Prados del Sur, una mujer fue asesinada y una menor resultó herida por disparos. En la colonia Vista del Mar de Manzanillo, dos hombres fueron baleados. En la colonia Fátima, en Colima, una persona trans fue ejecutada en un local de comida. Y en la delegación de Santiago, también en Manzanillo, una mujer fue golpeada y baleada, quedando gravemente herida.
Pese a este panorama, la alcaldesa Rosa María Bayardo Cabrera ha optado por seguir con actividades recreativas y espectáculos musicales. El viernes en Villa de Álvarez, se presentó Espinoza Paz, y el sábado en Manzanillo, Paulina Rubio, en eventos financiados con recursos públicos. Mientras el municipio enfrenta una de las peores crisis de violencia en su historia reciente —con cinco asesinatos y tres heridos esta semana en Manzanillo— la prioridad parece ser otra.
Los hechos violentos que se registraron durante la semana: cuerpos abandonados, personas asesinadas en plena vía pública, y hasta restos humanos —como un cráneo humano localizado en Tepames— dejaron una estela de horror que parece no tener fin.
El silencio de las autoridades estatales y municipales frente a esta tragedia ha generado creciente indignación entre ciudadanos, activistas y colectivos de víctimas, quienes señalan la indiferencia institucional ante el sufrimiento de las familias colimenses, particularmente de las más vulnerables.
En Colima, mientras se reparten discursos emotivos y se aplauden conciertos, la violencia no da tregua. Y quienes deberían estar al frente de una estrategia integral de seguridad parecen más interesados en los reflectores que en las vidas que se apagan día con día.