Colima, México, Avanzada.- (02/06/2025).- Desde su campaña electoral, la actual gobernadora de Colima ha sostenido un discurso marcado por el feminismo. Se autodenominó como la impulsora de un “gobierno feminista” porque, según dijo, “es tiempo de mujeres”. Incluso ha insistido en llamar al estado “nuestra Colima”, como una forma de feminizar y apropiarse simbólicamente del territorio. Pero mientras su gobierno se dedica a repartir becas, tomarse fotografías y promover mensajes de felicidad, amor y energía en redes sociales, la violencia contra las mujeres, los niños —y contra la población en general— no cesa.
En tan solo 13 días, del 19 de mayo al 1 de junio, fueron asesinadas 20 personas en el estado de Colima. Entre ellas, cuatro mujeres víctimas de ataques armados y tres menores de edad que resultaron heridos al presenciar o quedar atrapados en estos hechos violentos.
El caso más reciente ocurrió el 1 de junio, cuando una mujer fue asesinada a balazos en la calle Anacahuita de la colonia Prados del Sur, en la ciudad de Colima. En el mismo ataque, una menor de edad resultó herida.
El 28 de mayo se confirmó el fallecimiento de Alejandra Sarai García Castañeda, colaboradora del H. Ayuntamiento de Colima. Fue víctima de un ataque armado la noche del jueves 23 frente a su domicilio. Aunque fue trasladada de inmediato a la Clínica #1 del IMSS, no logró sobrevivir.
El 26 de mayo, una mujer de 65 años fue brutalmente asesinada dentro de su vivienda, frente a dos menores de 5 y 10 años, quienes también resultaron heridos. Un acto de violencia que marcará sus vidas para siempre y que pone en evidencia la vulnerabilidad en la que viven muchas familias colimenses.
Días antes, el 24 de mayo, otra mujer fue asesinada con disparos de arma de fuego en la colonia Las Fuentes, también en Colima.
Estos crímenes no son hechos aislados. Se suman a un clima general de inseguridad que se ha normalizado mientras el discurso gubernamental elige enfocarse en la entrega repetitiva de becas —como la “Colibeca”— y en publicaciones optimistas que proyectan un estado feliz, en paz y lleno de energía positiva.
Pero para los menores que vieron morir a su madre, abuela o tía, no hay beca que repare el trauma ni publicación que maquille la realidad. La omisión sistemática de estos temas en los discursos oficiales ha generado creciente indignación entre la población, que exige coherencia entre la narrativa y la acción pública.
Si este es un gobierno feminista, como se ha proclamado desde el inicio, la violencia contra las mujeres no puede seguir siendo ignorada. No basta con palabras, colores ni eslóganes. Porque en esta “nuestra Colima” que duele, los asesinatos siguen siendo una constante. Y mientras la sangre sigue corriendo en las calles, el silencio oficial también mata.