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Monterrey: Dana Paola, de tres años, su padrastro la mató a golpes

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Nuevo León, México, Avanzada (23/05/2025).- Era una mañana cualquiera en la colonia CROC de Monterrey. El sol comenzaba a trepar por las azoteas, las tiendas apenas abrían sus cortinas metálicas y los vecinos se alistaban para enfrentar el día. Pero dentro de una vivienda modesta, la violencia dejó su huella más cruel. El 14 de mayo, una niña de apenas tres años —Dana Paola— fue asesinada. Hoy, casi una semana después, su presunto agresor ya está tras las rejas.

Luis Javier “N”, de 21 años, fue detenido por agentes ministeriales este domingo en la colonia San Bernabé. Caminaba por las calles sin imaginar —o quizás sabiendo— que la justicia ya lo buscaba. Lo acusan de feminicidio, y la víctima no es otra que su propia hijastra.

La pequeña Dana Paola murió tras recibir una serie de golpes brutales en el abdomen, el pecho y el rostro. Golpes con las manos, con un objeto aún no identificado. Golpes que, según el peritaje forense, le provocaron una contusión profunda que terminó con su vida. Pero eso no fue todo. El dictamen revela también una omisión imperdonable: Luis Javier no pidió ayuda médica. La dejó sufrir. La dejó morir.

La Fiscalía Especializada en Feminicidios no tardó en actuar. El 16 de mayo catearon la vivienda que compartía la familia. Allí, entre juguetes, muebles humildes y rastros del horror, comenzó a reconstruirse la historia que nadie quiere contar, pero que urge mirar de frente.

Y así, tres días después, los detectives dieron con él. El padrastro. El hombre que debió cuidar y proteger hizo lo contrario. La orden de aprehensión fue ejecutada en cuanto se confirmó su paradero. Hoy está en un penal estatal, a disposición de un juez de control.

El crimen no solo sacude por su brutalidad, sino por la condición en que ocurrió: dentro del hogar, en manos de alguien que formaba parte del entorno cercano. El Código Penal de Nuevo León considera estos factores —la relación de confianza, la violencia ejercida y la omisión de auxilio— como agravantes del delito de feminicidio. Y en este caso, todos están presentes.

Dana Paola tenía apenas tres años. Nunca supo leer ni escribir, no tuvo cumpleaños con piñata en el kínder, ni una muñeca favorita a la que llevarse al parque. Lo que tuvo fueron golpes, miedo, silencio. Y ahora, una sociedad que debe mirar de frente este caso para que no vuelva a ocurrir.

La justicia ha dado su primer paso. Falta el más difícil: asegurar que ninguna otra niña vuelva a morir como ella. Porque no se trata solo de atrapar a los responsables, sino de evitar que el horror tenga permiso de vivir bajo nuestro mismo techo.

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