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Justicia para Ale y Andrea, un grito que no se apaga

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México, Avanzada (18/01/2025).- El sol comenzaba a ocultarse aquel sábado 11 de enero cuando la tragedia golpeó la calle de la colonia Transportistas, en Chimalhuacán, Estado de México. Las risas de las hermanas Andrea e Annete Alejandra Ávalos Gutiérrez, inseparables desde pequeñas, fueron apagadas de manera brutal. Hoy, su familia y amistades alzan la voz exigiendo justicia, mientras el recuerdo de ambas sigue encendiendo corazones.

Todo comenzó con una llamada que llevó a Annete Alejandra, de 22 años, a salir de su hogar. Dos mujeres, enviadas por su exnovio Sebastián, la esperaban afuera. Apenas puso un pie en la calle, los golpes comenzaron a llover sobre ella. Desde el interior de la casa, Andrea, de 28 años, escuchó el alboroto y, como siempre, corrió en defensa de su hermana menor.

Sin embargo, el hombre que había tramado el ataque tenía más que golpes planeados. Sebastián, el exnovio de Annete, apareció con un arma en las manos. En cuestión de segundos, la tragedia tomó forma: disparó a quemarropa, primero contra Andrea y después contra Annete. Los gritos de horror rompieron el silencio del barrio.

Andrea cayó al instante, su cuerpo sin vida quedó tendido frente a la casa que las había visto crecer. Annete, gravemente herida, fue trasladada al hospital, donde su lucha por la vida terminó al día siguiente. Sebastián no se detuvo ahí: disparó también contra el primo de las hermanas, perforándole un pulmón, y contra la madre de las jóvenes, quien sobrevivió con una herida superficial.

Los resultados de la autopsia revelaron que Andrea murió por un “doble mecanismo mortal”: un golpe en la cabeza y asfixia. Fue una muerte agónica, explicaron los médicos forenses. Annete, en tanto, no resistió el impacto de la bala que le arrebató la vida en el hospital.

Hoy, el nombre de Sebastián y las dos mujeres que lo acompañaron resuenan como un eco de impunidad. La Fiscalía General de Justicia del Estado de México inició investigaciones, pero los responsables siguen prófugos. Mientras tanto, la familia de Andrea y Annete vive un duelo atravesado por la rabia y la impotencia.

Los rostros de las hermanas Ávalos Gutiérrez comienzan a ser un símbolo de lucha en Chimalhuacán. “Justicia para Ale y Andrea” es el clamor que se escucha en las calles, en las redes sociales y en cada rincón donde su historia ha llegado.

La violencia les arrebató la vida, pero su memoria sigue siendo un faro para quienes buscan un cambio. Las hermanas Ávalos Gutiérrez no son solo una estadística más; son un recordatorio del peligro que enfrentan las mujeres en México y la deuda que el país tiene con ellas.

Hoy, Chimalhuacán llora por Andrea y Annete, pero también se levanta en su nombre, con la esperanza de que su tragedia no se repita y que la justicia, aunque tardía, llegue.

*Justicia para Ale y Andrea.
Créditos: Imagen-colectiva La Marla Sabrina.

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