Connect with us

COLIMA

Pedro Páramo y Cien años de soledad

Published

on

Compartir:

Columna

El Puercoespín 

Es una verdadera coincidencia y un estupendo regalo que en la actualidad estén en la plataforma de Netflix las adoptaciones al cine de dos obras maestra de la literatura latinoamericana.

“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de 20 casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo”.

Así empieza Cien años de soledad de García Márquez.

“Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Paramo” comienza diciendo Juan Preciado.

Así empieza la novel Pedro Paramo de Juan Rulfo.

Todo latinoamericano hemos escuchado o leído estos dos principios de las mejores novelas escritas en castellano.

El lenguaje de Márquez es retórico, mágico y abundante, como abundante es la imaginación que provoca en sus lectores.

El lenguaje dialectal y lacónico de Rulfo es misterioso y mágico que solo se concentra en decir lo estrictamente necesario porque todo lo demás está sobreentendido. No hay que hablar casi nada. Su laconismo es extremo.

Ambos escritores, desde sus primeras frases, atrapan a sus lectores y no les dejarán escapar hasta que terminan de leer la última página.

Ambas obras son tan latinoamericanas y universales que los mexicanos fácilmente sabemos encontrar a Macondo y los colombianos les pasará los mismo, encontrarán a Comala en un abrir y cerrar de ojos.

Macondo y Comala son pueblos que están llenos de café, de vida, de un espíritu arcano, de historia, de magia, de muerte, de soledad, de alegría. Son pueblos que están en todas partes y en ninguna a la vez. Son pueblos reales y maravillosos.

Como dijera el clásico, ningún colombiano que se respete no puede dejar de ver la última versión cinematográfica de Pedro Paramo; y ningún mexicano que se respete no puede dejar de ver la primera adaptación al cine de Cien años de soledad.

Las adaptaciones de las novelas escritas al lenguaje cinematográfico siempre serán polémica porque en el lenguaje cinematográfico, la historia y los personajes se abordarán de diferentes perspectivas estéticas y temporales.

A mi me encantó el lenguaje fotográfico de Rodrigo Prieto y su versión de Pedro Paramo.

También acabo de ver los primero ocho episodios de la primera temporada de Cien años de soledad, muchos de los personajes los encuentro iguales a como los imaginé y, otros tantos, muy distintos; sin embargo, es un placer volver a escuchar el maravilloso lenguaje del Gabo García Márquezahora en la voz propia de los personajes.

Algunas frases de Pedro Paramo: 

-Nada puede durar tanto, no existe recuerdo por intenso que sea que no se apague. -Narrador. 

-Estoy comenzando a pagar. Más vale empezar temprano, para terminar pronto. -Pedro Páramo.

 

-Cada vez entiendo menos. Quisiera volver al lugar de donde vine. -Juan Preciado.

 

-Los viejos dormimos poco, casi nunca. A veces apenas si dormitamos; pero sin dejar de pensar. -Pedro Páramo.

 

-Hace mucho tiempo que te fuiste, Susana. La luz era igual entonces que ahora, no tan bermeja; pero era la misma pobre luz sin lumbre, envuelta en el paño blanco de la neblina que hay ahora. -Pedro Páramo.

 

Quienes hemos estado por los rumbos de Paso Real o Tuxcacuesco o en la zona sur de Jalisco hemos creído oír hablar a la gente como hablan los personajes de Rulfo, pero no es verdad; tampoco es verdad que la forma de escribir es toda invención, no, el lenguaje de Rulfo es un dialecto de su propia invención. 

 

Esa forma de hablar solo existe en la novela y en la conciencia de todos los mexicanos e individuos que hablamos castellano.

 

Algunas frases de Cien años de soledad de García Márquez:

Preguntó qué ciudad era aquella, y le contestaron con un nombre que nunca había oído, que no tenía significado alguno, pero que tuvo en el sueño una resonancia sobrenatural: Macondo.

Era en verdad una aldea feliz, donde nadie era mayor de 30 años y donde nadie había muerto. 

Tenía la rara virtud de no existir por completo, sino en el momento oportuno.

La única diferencia actual entre liberales y conservadores, es que los liberales van a misa de cinco y los conservadores a misa de ocho.

Qué raros son los hombres. Se pasan la vida peleando contra los curas y regalan libros de oraciones.

El mundo habrá acabado de joderse el día en que los hombres viajen en primera clase y la literatura en el vagón de carga.

Como todas las cosas buenas que les ocurrieron en su larga vida, aquella fortuna desmandada tuvo origen en la casualidad.

El mundo se redujo a la superficie de su piel, y el interior quedó a salvo de toda amargura.

En pocos años, Macondo fue una aldea más ordenada y laboriosa que cualquiera de las conocidas hasta entonces por sus 300 habitantes.

Frases de este tipo pueblan todo el libro. Son frases que conducen al lector capturado a mundos reales y maravillosos que solo la retórica de Gabriel García Márquez nos hace creer que somos nosotros los que estamos viviendo en ese mundo fantástico donde todo es posible.

En estos días es una fortuna que hayan coincidido dos grandes de la literatura que conocimos vivos. Que los oímos hablar y caminar sobre nuestras tierras. 

Ver en la pantalla estas dos obras es un placer. 

Compartir:
Continue Reading

UNIVERSIDAD DE COLIMA

Más leidas

Copyright © www.diarioavanzada.com.mx

Discover more from Diario Avanzada

Subscribe now to keep reading and get access to the full archive.

Continue reading