México, Avanzada (18/11/2024).- Luisa María Alcalde, presidenta de Morena, aparece en un video que rápidamente se vuelve viral. Con voz firme, asegura que la estrategia de seguridad de Claudia Sheinbaum seguirá los pasos de la promovida por el expresidente López Obrador: “Abrazos, no balazos”. Según Alcalde, los delitos van a la baja, y se trata del enfoque correcto. Sin embargo, la realidad de un país donde la violencia parece no dar tregua, sugiere lo contrario. Las cifras y los acontecimientos de las últimas décadas reflejan una tragedia comparable con los conflictos bélicos más sangrientos de la historia mexicana.
Mientras el discurso oficial se presenta como pacifista, las calles del país cuentan otra historia. En los últimos 24 años, alrededor de 524 mil personas han sido asesinadas. Una cifra que resuena si se compara con los muertos de la Guerra de Independencia, que dejó entre 250 mil y 500 mil víctimas en once años. Sin guerra declarada, el país ha experimentado una violencia cotidiana que supera los peores pronósticos, colocándolo entre los más peligrosos del mundo.
Andrés Manuel López Obrador llegó con una propuesta distinta: “abrazos, no balazos”. Sin embargo, su administración finalizó con 197 mil homicidios, la cifra más alta en la historia reciente de México. A pesar de implementar la Guardia Nacional y anunciar su estrategia de paz, la violencia se mantuvo. Desde Sinaloa hasta Guanajuato, la sangre siguió corriendo en cada rincón del país.
Hoy, en el primer mes del gobierno de Claudia Sheinbaum, se reportan 3 mil 039 homicidios. La mandataria sostiene que los delitos disminuyen, basándose en datos de la Secretaría de Seguridad. La gráfica presentada muestra una tendencia descendente desde 2019 hasta 2024, con una reducción del 18% en los homicidios diarios. Sin embargo, los eventos recientes ponen en duda esta narrativa optimista.
Durante octubre, las Fuerzas Armadas protagonizaron varios incidentes de alta letalidad. En el primer día de gobierno de Sheinbaum, seis migrantes murieron a manos del Ejército en Chiapas. Diez días después, en Nuevo Laredo, Tamaulipas, una persecución derivó en la muerte de una enfermera y una niña de 8 años, víctimas del fuego cruzado entre militares y civiles armados. Estos casos desataron indignación y críticas hacia la estrategia de seguridad.
En Sinaloa, tras la detención de Ismael “El Mayo” Zambada, estalló una ola de violencia que dejó 324 muertos en menos de dos meses. Los bloqueos, incendios y balaceras se convirtieron en el pan de cada día. Los operativos militares dejaron decenas de muertos, alimentando la percepción de un país sumido en un conflicto armado no declarado.
El 24 de octubre, dos coches bomba explotaron en Guanajuato, marcando un preocupante aumento en el uso de tácticas terroristas por parte del crimen organizado. Estos eventos resaltan el creciente desafío que enfrentan las autoridades locales y federales. La respuesta del gobierno es continuar con el despliegue de fuerzas militares y la represión armada, aunque los expertos en seguridad señalan que sin una estrategia integral de fortalecimiento institucional y de justicia local, la violencia seguirá su curso.
Al frente de la nueva administración, Claudia Sheinbaum se ve obligada a defender una estrategia que muchos consideran fracasada. Los datos de homicidios muestran una aparente baja, pero los incidentes de abuso por parte de las Fuerzas Armadas y los actos de violencia extrema continúan. La cifra de homicidios dolosos diarios durante el primer mes del nuevo gobierno revela que, aunque las gráficas digan lo contrario, la seguridad sigue siendo una asignatura pendiente para el país.
Las críticas aumentan. Organizaciones de derechos humanos y especialistas en seguridad denuncian la continuidad de las prácticas militarizadas, argumentando que se convirtieron en parte del problema más que en una solución. Mientras tanto, la presidenta de Morena insiste en que los delitos van a la baja gracias a las políticas heredadas de López Obrador, pero en las calles, el miedo sigue palpable, y el sonido de los disparos aún resuena.
En medio de este panorama, México parece estar dividido. Por un lado, el discurso oficial promueve la esperanza de una disminución en los índices de violencia. Por el otro, los números, los incidentes y las historias que se viven en los rincones del país presentan un panorama de dolor y sangre.
Mientras tanto, el debate continúa: ¿Son los abrazos la respuesta correcta? ¿O es tiempo de cambiar la estrategia para enfrentar a un enemigo que no deja de acechar en las sombras? El nuevo gobierno de Claudia Sheinbaum parece tener la intención de seguir el mismo camino trazado por su predecesor. La pregunta es si este enfoque será suficiente para detener el baño de sangre que marca las últimas décadas en México o si, al final, serán los balazos los que sigan hablando.