México, Avanzada (15/11/2024).- “¡Andy Obrador es un vividor!”, así fue como la multitud recibió al hijo del presidente, Andrés Manuel López Beltrán, en un Tabasco que parece haber perdido su fe en el morenismo. Luisa María Alcalde Luján, presidenta de Morena, también fue objeto de la furia popular, enfrentándose a gritos de “¡mentirosa!”, “Luisa miente y abusa de la gente”, y “No más mentiras”. Las consignas, repetidas como un mantra colectivo, reflejaban el descontento de una tierra que alguna vez fue bastión del movimiento encabezado por su padre.
Desde su llegada, la tensión era palpable. La imagen de Alcalde y López Beltrán intentando mantener la compostura mientras descendían del vehículo contrastaba con el creciente bullicio de la multitud. Los asistentes se acercaban con pancartas, exigiendo respuestas y acusando a Morena de traicionar sus promesas de transformación. Los ánimos se encendieron aún más cuando la presidenta del partido intentó dirigirse al público, siendo rápidamente interrumpida por gritos que la calificaban como “la mentirosa del bienestar”.
A pesar de la evidente hostilidad, Luisa María Alcalde no dudó en defender al gobernador de Tabasco, Javier May, a quien describió como víctima de una “campaña evidente” de desprestigio. “Sabemos que en las transformaciones se tocan intereses”, dijo Alcalde, tratando de justificar el rechazo que enfrentaba. Pero sus palabras no lograron calmar a la muchedumbre, que respondía con abucheos y más consignas en contra del gobierno local y federal.
La escena fue un golpe a la narrativa oficial del morenismo, que aún ve en Tabasco un territorio fiel. Sin embargo, la realidad parece contar otra historia. Los gritos de “Morena miente” y “No más mentiras” dejaron claro que la cuna del presidente logró la transformación en un escenario de desilusión y desencanto. El nombre de López Obrador, que solía ser símbolo de esperanza, ahora parece evocarle a muchos tabasqueños una promesa incumplida.
Intentando calmar los ánimos, Alcalde y López Beltrán aceleraron el paso, rodeados de seguridad, para evitar que la confrontación se tornara más caótica. La tensión, lejos de disiparse, aumentó con los gritos que los acompañaron hasta su partida, como un recordatorio amargo de que los tiempos han cambiado en la tierra que alguna vez fue la joya del morenismo.
El rechazo palpable a la figura del hijo del presidente y a la presidenta de Morena evidencia una fractura que el partido no puede ignorar. En el terreno donde comenzó la historia del movimiento, hoy se escucha el eco de la disidencia. Morena, enfrentando su mayor desafío en su propio bastión, deberá repensar su estrategia si quiere mantener su relevancia en un estado que parece haberle dado la espalda.