Columna
El Puercoespín
Según las declaraciones de los propios blanquiazules la elección del Partido Acción Nacional fue pacífica, hubo participación, transparencia y democracia.
Los números los desmienten.
Acción Nacional cuenta con un padrón de militantes de aproximadamente 304 mil 332 individuos. De dicho padrón tan solo votó el 48 % lo que significa que el 52 %, traducido a números absolutos, 158 mil 166 blanquiazules no votaron
Del universo de 48 % de votantes el 80 % lo hizo por Jorge Romero y tan solo el 20 % lo hizo por Adriana Dávila, quien, por cierto, puso en duda el proceso, pues cuestionó la honorabilidad y el comportamiento ético de los comités estatales.
Jorge Romero fue arropado por liderazgos panistas representados por Ricardo Anaya, Santiago Creel, Kenia López Rabadán, Max Cortázar, Enrique Vargas del Villar y Roberto Gil Zuarth, entre otros.
A Jorge Romero se le identifica como miembro prominente del Cártel Inmobiliario de la CDMX del que muchos ya están sentenciados, otros están negociando devolver las propiedades y otros tantos en fuga; sin embargo, el resto siguen muy activos en la política como Santiago Taboada. Varios miembros de acción nacional vinculados al cártel inmobiliario formaron parte de la planilla de Jorge Romero. La Planilla la integraron entre otros, Michelle González, Santiago Taboada, Renán Barrera, Romina Contreras y Eduardo Rivera, quienes festejaron junto con Jorge Romero.
En el PAN, desde las elecciones primarias a la presidencia de la república, lucharon sus cuadros de élite ferozmente por excluir a los militantes, simpatizantes y ciudadanos voluntariosos de su causa, pero jefes de facto de la campaña de Xóchitl se encargaron de negarles una mínima participación que tuviera que ver con toma de decisiones. Los quieren como acarreados, como activistas, como porristas, pero cero como militantes activos, pensantes y tomando decisiones.
El resultado ya lo conocemos en las pasadas elecciones fueron un rotundo fracaso.
Dicho sea de paso, fueron incapaces de aprovechar los instrumentos de democracia participativa como táctica para aglutinar a su electorado, estoy hablando de las consultas, el referéndum, el plebiscito y la revocación de mandato que propuso el oficialismo.
El PAN está fortaleciendo una élite de sinvergüenzas que solo luchan por sus privilegios y están matando lo poco que queda de la ideología panista.
Ricardo Anaya en estas primeras sesiones en el Senado ha demostrado que no tiene nada que aportar a la sociedad mexicana; sin embargo, se empecina en seguir liderando a un partido que sistemáticamente viene a la baja.
El PAN cada día más lejos de sus militantes y cada día más cerca de la corrupción. Cada día más cerca del vacío ideológico y más cercano al discurso demagógico maximalista de derecha.
El PAN se está quedando sin militantes, sin ideología y sin poder.
La corrupción los atrapó, el Cártel Inmobiliario de la CDMX hoy es lo mejor que los representa.
En la antípoda de geometría política está Morena contando millones de militantes, pero son millones de papel. Estos dos casos son diametralmente distintos; sin embargo, en el fondo se parecen mucho: se distancian de sus militantes y abrazan a la corrupción.
Los militantes de acción nacional están en fuga.