Colima, México, Avanzada (26/02/2026).- En el marco de la conmemoración del Día de la Bandera, la subsecretaria de Educación Básica, Noemí Juárez Pérez, evocó un episodio poco difundido de la Guerra de Independencia: la represión contra las llamadas “mujeres de Pénjamo”, víctimas de medidas arbitrarias ordenadas por Agustín de Iturbide en 1814.
Durante la conferencia matutina encabezada por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, la funcionaria recordó que el 24 de febrero no sólo se celebra al lábaro patrio, sino que también remite a 1821, cuando Iturbide proclamó el Plan de Iguala tras meses de negociación con el insurgente Vicente Guerrero para consumar la Independencia.
Sin embargo, Juárez Pérez invitó a mirar el pasado previo a ese momento. Señaló que en 1810 Iturbide se sumó a la causa realista y que, ya como comandante en Guanajuato, emprendió una persecución severa contra los insurgentes. El 29 de noviembre de 1814, conocedor del apoyo que muchas mujeres brindaban a la insurgencia en el Bajío, ordenó la detención de menores que estuvieran sin su padre y de mujeres sin esposo.
En Pénjamo, cerca de 300 mujeres fueron apresadas en sus hogares —varias de ellas con hijos pequeños— y obligadas a caminar bajo amenazas y azotes hasta Guanajuato e Irapuato. Ahí permanecieron recluidas en casas de recogidas que funcionaban como cárceles. Aunque las ejecuciones con las que fueron amenazadas no se concretaron, padecieron violencia psicológica, hambre y condiciones indignas.
Algunas, como Francisca Uribe y María Bribiesca, enviaron cartas al virrey para denunciar su situación. “Aquí hemos quedado desnudas y casi cadavéricas…”, escribieron, al tiempo que exigían un juicio formal: “La justicia, a pesar de revoluciones y trastornos, pide que se oigan y sentencien los reos”. Nunca se les abrió proceso judicial. Varias recuperaron su libertad al poco tiempo; otras permanecieron presas hasta 1817.
La subsecretaria también citó documentos recopilados por el historiador Genaro García, en los que Iturbide justificaba la aprehensión al afirmar que “esta clase de mujeres” podía causar más daño que algunos insurgentes armados, evidenciando una visión que minimizaba sus derechos y su agencia política.
Juárez Pérez contextualizó que, tras su reincorporación en 1820, Iturbide se convirtió en figura central de la consumación de la Independencia y en 1822 fue proclamado emperador del efímero Imperio Mexicano. Mientras sectores conservadores del siglo XIX reivindicaron su figura, apuntó, la tradición republicana encontró sustento en el pensamiento insurgente.
Más allá del debate sobre personajes históricos, la funcionaria subrayó que la Independencia fue obra colectiva. “Sin el sacrificio y el valor de las mujeres de Pénjamo y de muchas otras que resistieron la represión virreinal, México no habría alcanzado su independencia en 1821”, afirmó.
Así, en una fecha dedicada al símbolo patrio, la evocación de estas mujeres abrió espacio a la memoria histórica y al reconocimiento de quienes, desde el anonimato y la resistencia cotidiana, sostuvieron la lucha por una nación libre.
“Esta clase de mujeres, en mi concepto, causan a veces mayor mal que algunos de los que andan agavillados, por más que se quieran alegar leyes en favor de este sexo, que si bien debe considerarse por su debilidad para aplicarle la pena, no puede dejarse en libertad para obrar males y males de tanta gravedad y trascendencia. Considérese el poder del sexo bello sobre el corazón del hombre, para conocer el bien o el mal que pueden producir”: Agustín Iturbide.