Colima, México, Avanzada (24/02/2026).- Durante este domingo, y pese a la jornada de violencia desatada tras el abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, la gobernadora Indira Vizcaíno Silva, integrantes de su gabinete e incluso alcaldes eludieron la responsabilidad de informar a la población con la urgencia que la situación exigía. En lugar de comparecer públicamente, optaron por difundir comunicados en redes sociales, precisamente en las mismas plataformas donde también circulaban rumores, imágenes alteradas y versiones falsas, profundizando la incertidumbre entre la ciudadanía.
Mientras eso sucedía en Colima, ese mismo domingo, los gobiernos de Jalisco, Michoacán y Guanajuato, también golpeados por la violencia, también con vehículos incendiados, negocios hechos cenizas y enfrentamientos directos vinculados al Cártel Jalisco Nueva Generación- más el de Jalisco donde ocurrió el operativo para detener al líder del CJNG- ofrecieron conferencias, difundieron mensajes en video, hablaron directamente con sus ciudadanos. Lo mismo hizo la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, quien estuvo en Coahuila y desde ahí anunció que el Gabinete de Seguridad ampliaría la información, mientras ella pedía calma en su cuenta de X.
En Colima, en cambio, el gobierno eligió el mutismo: el gobierno del estado y los municipios o más bien, optó por escuetos comunicados en redes sociales como si la situación no fuera una emergencia. Fue hasta poco después de las 10 de la noche cuando la autoridad estatal emitió un boletín con el recuento de daños: casi 10 horas después del primer hecho violento y cuando las noticias falsas circulaban sin parar. Después de las 10 de la noche, el Gobierno de Colima confirmó entonces lo que la gente ya sabía por las imágenes que circulaban sin control: 37 vehículos calcinados y cinco negocios incendiados. La cifra llegó tarde, como llega todo cuando el gobierno decide hablar solo cuando el estruendo ha terminado.
La gobernadora apareció hasta el lunes. Un lunes. Quince horas después de la refriega, después del miedo, después de la noche donde las personas no sabían qué podía ocurrir después.
El gobierno en distintos hechos o situaciones ha pedido a la ciudadanía que no difunda información falsa. Pero al negarse a informar con oportunidad, al abandonar el espacio público en los momentos críticos, es el propio gobierno el que alimenta el vacío donde prosperan los rumores.
No es la primera vez. Colima ha atravesado jornadas violentas antes. Y en cada una, la respuesta oficial ha sido la misma: comunicados tardíos, mensajes breves, evasivos, publicados en redes sociales como si gobernar fuera administrar una cuenta digital y no enfrentar una crisis real.
El problema no es solo la violencia. Es la ausencia. Comunicar es gobernar. Informar es proteger. Dar la cara es asumir la responsabilidad del poder. Pero en Colima, cuando el fuego aparece, el gobierno desaparece.
Y en ese vacío, los ciudadanos quedan solos, escuchando sirenas en el día, en la noche, esperando que alguien, desde el poder, les diga la verdad.