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COLIMA

Contrapesos en el Arte

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Autor: Sergio Escareño.

En un estado atravesado por la violencia, el arte se ha convertido en un territorio frágil. Los recientes hechos ocurridos en el Tívoli —donde perdió la vida una cocinera que prestaba sus servicios en un comedor comunitario— y los robos y destrozos registrados en la Casa de la Cultura de Colima han encendido una alerta entre trabajadores del sector cultural, quienes hoy desarrollan sus labores bajo una creciente sensación de vulnerabilidad.

La cultura, tradicionalmente concebida como un contrapeso simbólico frente a la descomposición social, enfrenta en Colima un dilema inquietante: ¿cómo sostener espacios de creación, formación y convivencia cuando la inseguridad amenaza con infiltrarse en ellos? Servidores públicos del ámbito cultural han manifestado temor ante la posibilidad de que la violencia escale hacia los centros culturales, cuyos resguardos dependen de un número reducido de elementos de seguridad pública.

La percepción de riesgo no es menor. Bibliotecas, talleres artísticos, ensayos musicales y actividades formativas se desarrollan en instalaciones que, según señalan trabajadores, carecen de vigilancia suficiente. Ante ello, algunos consideran necesaria la presencia de fuerzas federales —como el Ejército o la Guardia Nacional— para garantizar condiciones mínimas de seguridad que permitan continuar con las actividades culturales sin exponer la integridad del personal.

Pero la tensión no se limita al entorno físico. En el ámbito institucional, persiste un conflicto relacionado con la dirección de la Banda Sinfónica del Estado de Colima. De acuerdo con integrantes del gremio, la convocatoria para la elección de su dirección no ha sido atendida, pese a tratarse de un cargo de carácter sindical. Señalan que la actual directora fue designada en la administración anterior por motivos políticos, sin ajustarse —afirman— a los lineamientos establecidos ni al mandato del sindicato.

Para los músicos, la exigencia no es únicamente administrativa, sino también simbólica: el respeto a los derechos laborales y a los procesos internos representa una forma de preservar la dignidad profesional en un contexto ya marcado por la incertidumbre externa. Solicitan al actual titular de la Secretaría de Cultura que haga valer los derechos de los trabajadores y dé curso a la convocatoria correspondiente, garantizando una elección conforme a los lineamientos establecidos.

En este escenario, el arte aparece como un espacio de resistencia y, al mismo tiempo, como un ámbito que reclama protección. La cultura no puede convertirse en una víctima colateral de la violencia ni en rehén de decisiones políticas que ignoren la normatividad laboral. Si el arte ha de fungir como contrapeso frente a la inseguridad, requiere condiciones básicas de seguridad institucional y respeto a los derechos de quienes lo sostienen día a día.

La pregunta de fondo no es sólo cómo proteger los recintos culturales, sino cómo preservar su sentido: el de ser lugares donde la comunidad encuentre, pese a todo, un refugio frente a la intemperie social.

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