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COLIMA

Colibecas, maquillaje y fracaso

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Malas Compañías

Autor: Mario Alberto Solís Espinosa.

El régimen de la Cuarta Transformación en Colima no ha sido capaz de mejorar los niveles educativos en la entidad, a pesar de los cientos de millones de pesos que se destinan a un programa accesorio y carente de profundidad como las Colibecas, reflejo de una política superficial y errónea que reduce el bienestar integral de los estudiantes a bienes materiales como mochilas y computadoras.

Las cifras del abandono escolar y la eficiencia terminal en el estado no muestran una mejora sustantiva, a pesar de implementación del programa Colibecas, al que este año se destinarán casi 500 millones de pesos sin un seguimiento transparente para determinar el alcance y efectividad.

De acuerdo con las estadísticas del Sistema de Información y Gestión Educativa de la Secretaría de Educación Pública (SEP) disponibles hasta mediados de 2024, los porcentajes de abandono escolar en Colima superaban la media nacional a partir del nivel secundaria.

Para el ciclo escolar 2023-2024, la deserción escolar en secundaria fue del 4.5 por ciento (3.7 en el país); en el nivel medio superior de 9 por ciento (8.98 en México); en tanto que en el nivel superior fue de 9.3 por ciento (7.1 por ciento en el resto de la república).

Destaca que para ese año, casi a la mitad del periodo gubernamental que ha presumido el programa de entrega de computadoras como uno de sus emblemas, el porcentaje de abandono escolar en secundaria que se registró en Colima solo es superado por el de Oaxaca, mismo que ascendió a 7.4 por ciento.

Aunque el gobierno local se ha negado a evaluar el impacto del programa Colibecas, las propias cifras de la Secretaría de Educación Pública evidencian nulos progresos, al menos en materia de deserción escolar. Los números indican que las computadoras ni las mochilas han motivado la permanencia de los alumnos en las aulas.

Tampoco es real que todos los menores de edad en Colima se encuentren en las aulas, pues según las estadísticas del ciclo escolar 2023-2024 (últimas disponibles de manera oficial), 31 mil 437 de los 192 mil 257 colimenses de entre 0 y 17 años de edad no acuden a la escuela, es decir poco más del 16 por ciento de ese segmento de la población.

Ese porcentaje de niños y adolescentes colimenses no cuentan con las posibilidades de acceder a la educación por su situación económica, desintegración familiar, marginación, violencia u otros factores que las Colibecas no tienen manera de subsanar, por su carácter limitado e inmediato, no estructural.

Ni siquiera la cobertura está garantizada el 100 por ciento, toda vez que para el ciclo escolar 2024-2025, tal indicador se ubicó en 71.2 por ciento para preescolar; 98.5 por ciento para primaria; 90.9 por ciento para secundaria; en tanto que para nivel medio superior cae hasta 77.8 por ciento y se ubica en 81.9 por ciento en educación superior.

La organización civil Educación con Rumbo puntualiza que en Colima, solo 29 de cada 100 alumnos terminan su educación superior. Detalla que de 12 mil 587 niños que se inscribieron a primero de primaria en el ciclo escolar 2007-2008, solamente 3 mil 633 lograron concluir una carrera en el ciclo 2023-2024; lastimosamente casi 9 mil se quedaron en el camino, la mayoría de ellos entre el segundo grados de secundaria y el tercer grado de bachillerato. Las instituciones gubernamentales no fueron capaces de garantizarles su derecho a la educación.

Las cifras oficiales disponibles ponen de manifiesto que la entrega universal de apoyos en especie no mejora las condiciones del sistema educativo ni ha logrado revertir las profundas inequidades, por el contrario, iguala en beneficios a quienes lo tienen todo con quienes no tienen nada, lo que a final de cuentas resulta una injusticia.

En ese contexto, las Colibecas representan un apoyo superficial, pues no combaten la deserción ni tampoco mejoran la eficiencia terminal; claramente un estudiante no toma decisiones sobre su futuro académico por una mochila, una computadora o un uniforme gratuito, lo hace por su circunstancia socioeconómica, si ya ha sido víctima o no de la inseguridad o por las profundas carencias en la calidad de la educación.

A un estudiante de secundaria que ha quedado huérfano por la violencia desbordada poco le importa que el gobierno le regale una computadora. Su entorno se ha derrumbado y en caso de permanecer en la escuela, su rendimiento académico estará seriamente afectado.

El gobierno de Colima no ha entendido, o no ha querido entender, la insuficiencia de su programa de Colibecas, pues este no atiende las verdaderas causas de la reprobación, la deserción, la violencia en las escuelas, fenómenos que tienen su explicación en el entorno de los estudiantes, en las calles, en sus colonias, donde en muchos casos, estudiar se ha vuelto la última de las prioridades.

Las Colibecas funcionan bien para las fotos en redes sociales, para los eventos masivos que adornan los informes de gobierno, pero en las aulas y en las calles pauperizadas por la violencia o la pobreza, la realidad es otra muy diferente, ahí una mochila o una computadora hacen muy poca diferencia.

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