Colima, México, Avanzada (03/12/2025).- Circular por la carretera Colima-Manzanillo se ha convertido en un acto de fe. Mientras más de 4 mil vehículos, entre carga pesada, transporte público y particulares, transitan diariamente por la autopista en plena etapa de ampliación, las autoridades mantienen una mínima o nula presencia para orientar a quienes deben desviarse por rutas alternas. En un escenario extraordinario como el actual, brillan por su ausencia campañas informativas, mapas visibles, señalización básica y unidades de apoyo para atender percances, especialmente durante las horas críticas: antes del amanecer y después del anochecer.
Pese a que la Secretaría de Infraestructura, Desarrollo Urbano y Movilidad (Seidum) aseguró el pasado 22 de noviembre que siete vías alternas estaban “en condiciones adecuadas” y que se buscaría informar a automovilistas sobre el estado de la vialidad, en la práctica las desviaciones funcionan como laberintos oscuros y poco confiables. Quien se aventura a tomarlas debe adivinar hacia dónde va, seguir los coches o confiar en la memoria para no equivocarse, sobre todo cuando el camino se recorre en solitario y sin luz natural.
En Los Asmoles , una de las rutas más utilizadas para evitar la zona de curvas cerrada por las obras en La Salada y el tráfico que se hace cuando apenas son las seis de la mañana, no hay señalamientos que indiquen claramente qué camino lleva a determinado lugar: cuál conduce a Ixtlahuacán para seguir a Tecomán o cuál conduce a Colima.Tampoco existe un mapa visible que permita a quienes pasan por primera vez orientarse. Sin vigilancia, sin señal de internet en varios tramos y con brechas irregulares, los automovilistas avanzan a tientas, inseguros de si siguen la ruta correcta o si están entrando a una zona distintas a la que van.
La ruta alterna por Coquimatlán para llegar a Tecomán está en condiciones similares: escasa señalización, inexistente acompañamiento de unidades de apoyo y nula certeza de que, ante un desperfecto mecánico o un accidente, habrá alguien para auxiliar. En ambos casos, los caminos rurales siguen funcionando más como opción improvisada que como rutas estratégicas adaptadas a una contingencia que durará meses.
Del lado de Ixtlahuacán, la carretera vieja apenas comienza a recibir mantenimiento. Los acotamientos tienen piedras y la visibilidad es limitada. En la zona trabajan cuadrillas de campesinos que cortan maleza y, con lo que tienen a la mano, advierten a los conductores sobre los trabajos, en ausencia de personal oficial, señaléticas o dispositivos de control de tránsito.
La información sobre las condiciones de la autopista y sus vías alternas tampoco fluye con constancia. No existe un canal oficial actualizado en tiempo real y especialmente cuando las autoridades tienen información de que, desde las cinco y seis de la mañana, miles de trabajadores del sector educativo, salud y otros empleos recorren los caminos sin guía y sin información.