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COLIMA

La iglesia en manos de Lutero

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Autor: Mario Alberto Solís Espinosa.

Malas compañías

La extinción del Instituto de Transparencia, Acceso a la Información Pública y Protección de Datos Personales del Estado de Colima (Infocol), decretada por la mayoría de Morena y sus aliados en el Congreso local, sintetiza de forma contundente el retroceso que en el ámbito del combate a la corrupción ha sufrido la entidad desde el ascenso de la Cuarta Transformación al  poder en la entidad.

De entre las muchas pérdidas que genera la desaparición del órgano autónomo, la cancelación tácita del derecho a la información es la más grave, pues resulta francamente ingenuo pensar que cualquier instancia gubernamental abrirá sus archivos por pura buena voluntad, sin una institución que supervise y haga el trabajo de monitoreo de dicha obligación.

Parece absurdo que los poderes, organismos descentralizados y ayuntamientos asuman la doble función de garantes y sujetos obligados, eso no existe en ninguna legislación del mundo en materia de rendición de cuentas simplemente porque no es lo correcto, no tiene ningún sentido, a menos que lo que se pretenda sea la instauración de un régimen de opacidad.

En materia de acceso a la información siempre, entre la sociedad y quienes detentan el poder, debe existir un intermediario, un mediador que proteja los derechos individuales frente a los intereses gubernamentales, una instancia neutral que limite las tentaciones autoritarias de quienes tienen algo que ocultar.

Con todas sus insuficiencias, el Infocol realizaba esa tarea. Desde 2004, ciudadanos, periodistas y organizaciones civiles acudieron al organismo para exigir la información que de otra forma, nunca hubiera sido revelada por las dependencias gubernamentales en el estado de Colima.

A través de las solicitudes de información, muchas veces negada en una primera instancia por los sujetos obligados, pudieron reducirse los niveles de opacidad y abrirse archivos que sin el acicate de la ley, hubieran permanecido en las sombras, lejos del escrutinio público y el peritaje social.

Tal proceso, inacabado por cierto, fue eliminado de tajo por los diputados del oficialismo y con la anuencia de la titular del Poder Ejecutivo, con argumentos tan pueriles como el ahorro presupuestal y la duplicidad de funciones, cuando es evidente que es más alto el monto que se destina a la publicidad del gobierno estatal que al funcionamiento del Infocol.

En un arranque kafkiano, la mandataria estatal y la oficina de partes en que se ha convertido el Poder Legislativo determinaron que la tarea de garantizar la transparencia de la información pública corresponda a los propios entes que por ley, están obligados a proporcionar todo el contenido de sus archivos.

Lo anterior resulta comparable a que en el ámbito deportivo, un equipo de futbol, el América por ejemplo, se hiciera cargo de la Comisión de Árbitros al mismo tiempo que es uno de los competidores en el torneo doméstico. Suena ridículo y hasta ofensivo, pues así mismo es poner en manos del gobierno el derecho a la transparencia.

Resultará ocioso solicitar, por ejemplo, información sobre los viajes que realiza la gobernadora fuera de Colima, si la responsable de vigilar que tales datos se entreguen será la titular de la Contraloría General del Estado, Isela Uribe Alvarado, por cierto subordinada de la mandataria y por tanto, obligada a atender sus instrucciones.

Lo cierto es que la extinción del Infocol, al igual que sucedió en su momento con el Instituto Nacional de Transparencia (INAI), constituye un duro golpe para los incipientes avances democráticos que se han logrado en las últimas décadas; atenta contra la ciudadanización de las instituciones y contribuye a la obesidad del Estado, ya de por sí inoperante por la cauda de gobernantes ineficientes que han padecido Colima y el país.

Dejarle al gobierno la tarea de la transparencia solamente incrementará la opacidad y con ello, los actos de corrupción que se cometen en las sombras, al amparo de las nuevas leyes que lejos de beneficiar a la sociedad, la regresan al mero papel de espectadores en un país que parece encaminarse al desfiladero.

BREVE HISTORIA PARA CAMILA. Afectos ateorizar sin ton ni son, la princesa y yo debatíamos el otro día sobre grupos musicales y para ello, clasificamos en divisiones; coincidimos que en primera deben estar esos grupos de los 60 y 70 como The Beatles, Led Zeppelin o Pink Floyd; por supuesto en segunda puse a The Cure y ella insistió con Oasis, sin dudarlo mandé a tercera a algunos de sus favoritos como los Arctic Monkeys o The Killers; al final concluimos que tenemos una visión algo eurocentrista y sobre todo, que tonteamos bastante cuando el tiempo lo permite, una afición que cultivamos desde que la inminente adulta era una niña de alborotado cabello y rodillas raspadas.

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