Colima, México, Avanzada (08/08/2025).- La organización Defensores del Medio Ambiente y Recursos del Mañana A.C. (Demarem) advirtió sobre los graves riesgos ambientales, sociales y económicos generados por la expansión del Puerto Nuevo Manzanillo, prevista en el Vaso II de la Laguna de Cuyutlán, Colima.
En un pronunciamiento dirigido a autoridades federales y estatales, critica que la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) presentada omite la integralidad requerida por la ley, y cuestionan la insuficiencia de las medidas paliativas propuestas.
La Administración del Sistema Portuario Nacional (Asipona)Manzanillo presentó el pasado 3 de abril una Manifestación de Impacto Ambiental fragmentada, pues sólo abarcaba la primera etapa constructiva, omitiendo fases posteriores como operación, lo que va contra la normativa ambiental en México.
Semanas después, se desistió de la solicitud con el propósito de presentar después una evaluación integral del proyecto, que considere impactos acumulativos y sinérgicos, está estipulada en el artículo 28 de la LGEEPA y el REIA, y evita la fragmentación del análisis ambiental.
De acuerdo con el estudio, la expansión involucra obras como dragado, relleno de humedales, canalización, derribo del manglar e incluso el corte de la isla “Cocodrilos II”. Estas intervenciones afectarán significativamente el sistema lagunar, compuesto por cuatro vasos y el estero Palo Verde, con consecuencias devastadoras detalladas por DEMAREM:
Degradación del agua: los manglares actúan como filtros naturales; su destrucción reducirá esta capacidad de limpieza, elevando sedimentación y contaminantes.
Eutrofización: sin filtración natural, nutrientes en exceso favorecerán la proliferación de algas, disminuyendo el oxígeno vital para la vida acuática.
Alteración de la salinidad: cambios en el flujo del agua inducirán fluctuaciones salinas que podrían matar flora y fauna adaptadas a condiciones específicas.
Pérdida de biodiversidad y pesca: los manglares son criaderos cruciales para peces, camarones y moluscos; su desaparición reducirá los recursos pesqueros y dañará el sustento local.
Ruptura de cadenas tróficas: la isla “Cocodrilos II” es clave para aves migratorias, tortugas y mamíferos; su eliminación amenaza esa interconexión ecológica.
Impacto socioeconómico: la pesca, el ecoturismo y las históricas salinas (más de 570 años de tradición) se verían afectadas. La sal, producida en salinas artesanales administradas por una cooperativa centenaria, es parte de la identidad y economía local, sosteniendo decenas de familias.
La Laguna de Cuyutlán, con 7 mil 200 hectáreas de superficie y 35 kilómetros de longitud, es uno de los humedales costeros más grandes del Pacífico mexicano, crucial para aves acuáticas, donde al menos 25 especies anidan y 61 la usan fuera de temporada, así como ecosistemas costeros diversos. Su biodiversidad y valor ecológico están ampliamente documentados por la comunidad científica y la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), que la reconoce como región prioritaria tanto marina como hidrológica.
El megaproyecto contempla una expansión portuaria sobre 1 mil 800 hectáreas con inversiones multimillonarias, incluyendo terminales de contenedores, graneles, hidrocarburos y almacenamiento masivo.
SEMARNAT confirmó mediante un oficio que actualmente no hay registro de ninguna MIA para el proyecto, lo que puede ser un incumplimiento legal grave. Si bien el gobierno estatal indica que el proyecto sigue en firme y se están reformulando las autorizaciones ambientales, enfatiza su compromiso con un desarrollo sustentable.
Frente a la magnitud del daño potencial, la organización Demaremformuló cinco propuestas específicas:
1. Estudios hidrológicos y construcción de canal marino hacia el Vaso III para mantener el flujo salino y proteger la salinidad y biodiversidad.
2. Separación de aguas entre Vaso II y los Vasos III, IV y Estero Palo Verde, forestando su aislamiento del daño, pero permitiendo su alimentación natural.
3. Declaratoria de Área Natural Protegida (ANP) para los Vasos III y IV, cuya protección formal garantizaría su conservación futura. Estudios previos de IMADES y otras instituciones lo respaldan.
4. Fortalecimiento financiero del Centro Ecológico de Cuyutlán, para convertirlo en referente de investigación científica, protección y rescate ecológico del sistema lagunar.
5. Obras compensatorias de abastecimiento de agua potable y agrícola para las comunidades de Armería y Cuyutlán, que fueron despojadas del flujo hidráulico al construirse un acueducto hacia Manzanillo.
Demarem sostiene en el documento que los actuales gastos en monitoreo ambiental (poco más de $1.08 millones de pesos) son ridículos frente a los millones que costaría proteger el ecosistema: “¿Cuánto vale la Isla Cocodrilos II? ¿Cuánto valen las aves migratorias? ¿Las salinas ancestrales?” concluyen. Estas medidas son viables, insisten, si se sustentan técnicamente y se respetan derechos humanos fundamentales.
La expansión del Puerto de Manzanillo, objetivo de modernización logística nacional,enfrenta una creciente resistencia ambiental y social. Las depredadoras intervenciones en Vaso II de la Laguna de Cuyutlán podrían desencadenar un ecocidio: destrucción de hábitats, pérdida de biodiversidad, colapso económico comunitario y debilitamiento cultural.
En respuesta, Demarem convocó a medidas urgentes, científicamente fundamentadas y socialmente justas, que permitan desarrollar infraestructura sin sacrificar siglos de vida y cultura.
El llamado es escuchar a las comunidades, actuar con visión a largo plazo y transformar un potencial conflicto en una oportunidad de desarrollo compartido y respetuoso.
*Imagen ilustrativa.