Aunque la gobernadora de Colima encabeza la llamada Mesa de Coordinación Estatal para la Construcción de Paz y asegura que los indicadores de incidencia delictiva muestran una tendencia a la baja, el saldo de los últimos días habla por sí solo: ejecuciones, cuerpos abandonados y ciudadanos que siguen contando muertos.
Colima, México, Avanzada (28/07/2025).- La gobernadora de Colima preside su ritual institucional: la reunión de la Mesa de Coordinación Estatal para la Construcción de Paz. Ahí, rodeada de mandos, cifras, partes informativos y promesas bien intencionadas, asegura que el estado avanza por el camino correcto. Que los números lo confirman. Que la estrategia está funcionando. Pero mientras tanto, en las calles, el relato es otro.
Este fin de semana, mientras Protección Civil reportaba árboles caídos y viviendas afectadas por las lluvias, Colima volvía a empaparse… de sangre. El domingo 27 de julio, una persona fue localizada sin vida en la colonia Albarrada. Al día siguiente, lunes 28, el hallazgo fue aún más crudo: el cadáver de una mujer apareció abandonado en una brecha del municipio de Manzanillo, cerca del Colegio Campo Verde. Tenía una herida en la cabeza.
Horas después, otro hecho violento se registró en la zona centro de la capital del estado. En pleno corazón de Colima, en el cruce de Nicolás Bravo y Jiménez, un hombre fue ejecutado a plena luz del día. Recibió múltiples impactos de bala. No tuvo oportunidad de huir, ni siquiera de intentar correr. Murió de forma instantánea. Los agresores “huyeron con rumbo desconocido”.
Y aún así, desde Casa de Gobierno, la narrativa oficial insiste en que vamos bien. Que hay una “tendencia favorable” en los indicadores. Que los homicidios han bajado. Que hay avances “con estricto respeto al debido proceso”.
Pero basta mirar el rostro de una madre que perdió a su hija en un camino de tierra o escuchar el eco de los disparos en una calle céntrica para entender que, en Colima, la percepción ciudadana no coincide con las gráficas del escritorio.
Porque por más boletines, reuniones o análisis de incidencia delictiva que se realicen, la violencia no se toma vacaciones, ni espera al cierre mensual. Mucho menos se ajusta a las tendencias oficiales.
Así, mientras la gobernadora repite el libreto diario y celebra que las cifras son favorables, la realidad se le descompone en los hogares de las familias colimenses.