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COLIMA

La élite gobernante: lo inmediato por lo sustancial

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Malas Compañías

Autor: Mario Alberto Solís Espinosa.

Las autoridades de Manzanillo iniciaron el proceso de concesión del relleno sanitario de ese municipio, con la finalidad de que sea una empresa privada la que se responsabilice de la disposición final de los residuos sólidos. La medida, tomada por el gobierno morenista de esa demarcación, replica las políticas que siguieron gobiernos del PRI y PAN para deshacerse de la basura sin mayor esfuerzo.

La decisión tomada por Rosa María Bayardo y sus aliados en el cabildo Manzanillo (incluyendo personajes afiliados al viejo régimen), resulta a todas luces incongruente respecto a los postulados básicos del movimiento lopezobradorista al que afirma pertenecer la alcaldesa.

Con la privatización del relleno sanitario se apuesta por el adelgazamiento de las obligaciones del Estado para dejar en manos de la iniciativa privada las funciones sustantivas del quehacer gubernamental, una visión neoliberal que no se extinguió con el arribo del morenismo al poder, sino que por el contrario, tal doctrina parece guiar el ejercicio del poder en lugares como Manzanillo.

Progresista solo de nombre, el gobierno local abdica a una de sus obligaciones básicas y traslada la prestación de los servicios públicos a particulares, una medida que además se toma de manera unilateral y opaca, pues no existen argumentos que justifiquen la decisión.

Da la impresión que la presidenta Rosa María Bayardo pretende deshacerse de las obligaciones formales de su cargo, en este caso el manejo de los residuos sólidos, para dedicar tiempo, energía y sobre todo presupuesto, a otras acciones que le ofrezcan réditos políticos y electorales.

No es la única que lo hace en el estado de Colima, pero si la que más lejos ha transitado en esa dinámica del renunciar a lo trascedente para enfocarse en lo inmediato, una apuesta que siguen al pie de la letra los gobernantes morenistas en su afán de consolidar proyectos políticos personales.

La alcaldesa Rosa María Bayardo no quiere saber nada del colapso operativo del puerto de Manzanillo y el impacto de tal situación en la vida de los manzanillenses, tampoco le ocupa el declive en el ámbito de la seguridad y menos del incierto futuro de la ampliación portuaria que tanto se publicitó y ahora está suspendida.

Para la funcionaria lo sustancial se circunscribe a lo fácil, lo sencillo, lo publicable en redes sociales, como la entrega de todo tipo de apoyos asistenciales y la realización de festejos que incluso se llevan a otras demarcaciones de la entidad. A esas prioridades se destinan ingentes cantidades de recursos del erario, aunque su impacto social sea cuestionable.

La renuncia de la administración de Manzanillo al manejo de la basura es sintomático, pues muestra el desprecio de la actual generación de gobernantes por el ejercicio formal de la gobernanza. A la élite gobernante actual le producen escozor los temas de fondo: la seguridad, la salud, los servicios públicos de calidad, por eso los evaden y los sustituyen con satisfactores de escaso impacto, como el reparto de dádivas y las acciones con títulos rimbombantes pero nula trascendencia.

Rosa María Bayardo es digna representante de esta generación de autoridades que se distinguen por su futilidad. Desde el estado a los municipios, los colimenses padecen servidores públicos sin compromiso, capacidad y mucho menos ganas de resolver las problemáticas comunes.

La alcaldesa de Manzanillo no es la primera ni la única, solamente sigue el ejemplo que cunde desde hace varios años. La banalización de la res publica se ha contagiado a todos los niveles; pocos funcionarios se salvan de la tentación de sacrificar lo esencial por lo superfluo.

Lo grave es que la presidenta municipal que acaba de renunciar a una de sus obligaciones fundamentales y constitucionales, es también una de las principales contendientes por la gubernatura de Colima que se renovará en dos años. El declive de las instituciones en la entidad parece no tener fin y no se ve para cuándo pueda tocar fondo.

BREVE HISTORIA PARA CAMILA. El otro día, paseando a Tiberius, me encontré a un exdiputado local y conversamos brevemente. Su gestión coincidió con el nacimiento y primeros años de la princesa. Recordamos aquella legislatura 2006-2009 y cómo, a pesar de mis críticas de entonces (que sostengo por supuesto), mostraba niveles muy superiores a la actual. También buscamos el momento en que el Poder Legislativo se convirtió en un costoso adorno; hay responsables, yo lo tengo claro, muchos pertenecen al extinto régimen, pero en el actual se ahondaron los vicios y se terminó por pervertir la representación popular. ¿Quién imaginaría que siempre se puede estar peor?

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