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COLIMA

Dos décadas al pasado, cortesía de Morena

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Malas Compañías

Autor: Mario Alberto Solís Espinosa.

La extinción del Instituto de Transparencia y Acceso a la Información del Estado de Colima (INFOCOL), aprobada por la mayoría de Morena y sus aliados en el Congreso del Estado, representa una medida retrógrada e indolente que conculca derechos fundamentales de los ciudadanos.

No se trata de un asunto menor, pues en su ignorancia y por instrucciones de sus jefes políticos, los legisladores desaparecieron un organismo que durante 21 años, con todas sus insuficiencias, permitió que los colimenses accedieran a la información pública que las autoridades preferían ocultar.

Justo de ese tamaño es el retroceso en materia de transparencia y difusión de la información pública; volvemos en el tiempo dos décadas a esa etapa cuando los gobiernos y dependencias que manejan los recursos públicos ocultaban, tergiversaban, quemaban y desaparecían los archivos oficiales.

El traslado de las atribuciones en materia de transparencia y acceso a la información pública a la Contraloría General del Estado debe considerarse un exceso, un acto de cinismo por parte del régimen, pues como juez y parte, dicha instancia nunca actuará de manera imparcial sino protegiendo los intereses de sus superiores jerárquicos, en este caso la titular del Poder Ejecutivo.

El INFOCOL, con todos sus claroscuros y sin olvidar el hecho de que funcionó como agencia de colocaciones de los partidos hegemónicos (incluyendo a Morena), contaba con procesos bien definidos y un marco jurídico que obligaba a que entes gubernamentales, sindicales, partidistas y autónomos entregaran información relacionada con el manejo financiero y otros temas de interés.

Sin ese organismo, por cierto impulsado en su origen desde organizaciones sociales y liderazgos apartidistas, no habrá contención para quienes desde la opacidad controlan los presupuestos, es decir que a partir de ahora la discrecionalidad se convierte en política pública.

Como sucede con otras garantías individuales, el derecho a la información recibe un duro golpe de la Cuarta Transformación. Paradójicamente, corresponde a un régimen de izquierda enterrar los órganos de transparencia que habían sido creados durante el mandato del impresentable Vicente Fox. De ese tamaño es el extravío programático y moral del actual gobierno.

La eficacia del Instituto de Transparencia y Acceso a la Información puede someterse a debate, su existencia no. Un gobierno democrático está obligado a promover la operación de instancias autónomas, si ocurre lo contrario, es decir la desaparición de esos organismos, estamos hablando de la degradación absoluta de un régimen que parece destinado a convertirse en lo que hasta hace poco combatió.

En todo caso, el trabajo del INFOCOL resultaba perfectible. A través de una amplia consulta pudo revisarse toda la normatividad en materia de transparencia y la viabilidad del órgano garante. Su extinción por parte de un grupo de diputados que poco entienden de nada es un exceso, un burdo abuso de las mayorías que tendrá graves repercusiones.

El adelgazamiento del aparato de rendición de cuentas distingue a los gobiernos de la Cuarta Transformación. Se ha frenado el empoderamiento ciudadano y la vida pública adolece una regresión a los tiempos del partido absoluto y las figuras todopoderosas que desde las élites políticas determinan el futuro colectivo.

La opacidad, la superficialidad, el maniqueísmo son los estandartes del régimen; no hay espacio para el disenso y en esa realidad sin tonalidades, lo más sencillo es desaparecer los escasos organismos que todavía representan un dique a los excesos del oficialismo.

La desaparición del INFOCOL, fuera de la feligresía morenista, agravia y anticipa futuros poco esperanzadores para la transparencia. La búsqueda de la verdad será ahora un trabajo más complicado y peligroso; lo que resulta inadmisible para una sociedad que aspira al desarrollo y el bienestar.

BREVE HISTORIA PARA CAMILA. La reinauguración del Parque Regional Grisel Álvarez, realizado este viernes por autoridades estatales, me recuerda aquella completa rehabilitación que encabezó en 2008 el entonces gobernador Silverio Cavazos Ceballos. Junto con mi moconeta pude disfrutar la calidad de aquella obra, tanto que incluso sorprendía, acostumbrados como estábamos a la mediocridad gubernamental. Ese año se invirtieron poco más de 20 millones de pesos para prácticamente reconstruir el parque y dejarlo como nuevo. La administración actual señala que la inversión fue de 60 millones de pesos. En cuanto la princesa vuelva recorreremos el lugar y podremos sacar nuestras conclusiones.

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