EDITORIAL
Desde su llegada al poder, la gobernadora de Colima, Indira Vizcaíno Silva, mostró un menosprecio por la cultura. Y la muestra de ello no sólo fue haber degradado a subsecretaría a la antigua secretaría encargada de ese sector, sino también haber designado al frente de esa dependencia a Emiliano Zizumbo Quintanilla, un personaje que a lo largo de casi cuatro años ha demostrado que carece del perfil adecuado para atender de manera idónea la labor que tiene encomendada.
Si bien en noviembre de 2021, al empezar su administración, Indira Vizcaíno asumió un discurso optimista en el que enarboló la cultura, la identidad y el arraigo como antídotos contra la violencia, lo cierto es que en la actualidad Colima vive una contradicción en materia cultural, en la que hayproyectos aislados que conviven con un desplome general en inversión, infraestructura y acceso cultural.
La imagen oficial lo pinta bien. En 2024 se llevó a cabo la Feria del Libro, con 66 actividades centradas en equidad de género y fomento lector; en 2025 se instaló la Comisión dePlaneación para apoyar culturas populares, así como rescatar tradiciones como paspaques y fibras de acapán, además de que también se implementaron acciones de rescate de trajes indígenas en Zacualpan y hubo festivales y presentaciones de libros con impulso estatal.
De acuerdo con especialistas críticos del sector, que aportaron argumentos para este texto, el retroceso del área cultural en Colima ocurre fuera de lo visible, ya que tras la cobertura celebratoria se vive un desmantelamiento sistemático de apoyo estructural. No hay proyectospermanentes relevantes en infraestructura de museos —la mayoría de ellos cerrados— y no existen líneas de presupuesto claras para su sostenimiento. Además, casi no se ve la construcción de centros culturales comunitarios ni la apropiación de equipamiento cultural en zonas rurales o marginadas, pese a los anuncios.
En 2023 se anunció el “Festival Colima 500 Años”, pero fue un evento de corto alcance (sólo dos fines de semana en cuatro municipios). La apuesta no pasó de los anuncios y la retórica de discursos vacíos, sin continuidad ni captación real del talento local, lo que revela una vocación cultural superficial, limitada a conmemoraciones históricas o culturales incapaces de ir más allá.
El Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias (PACMyC) ha financiado proyectos puntuales como “Indajani”, pero faltan recursos para crear redes culturales comunitarias, plataformas estables de circulación artística o capital semilla para colectivos independientes.
No se ve formación profesional constante —salvo talleres efímeros, como el de Lengua de Señas organizado en 2023— ni financiamiento sostenible para investigación histórica, creación literaria, artes escénicas o visuales. El único acuerdo estratégico es el convenio con la Universidad deColima para construir un museo en Manzanillo.
Puede decirse que hay iniciativas, pero no un plan integral.Hay una feria aquí, un rescate folclórico allá y una comisión cultural más allá. Lo que no hay, sin embargo, es una política cultural robusta, con visión de estado: museos vivos, circuitos creativos, becas, escuelas artísticas y fomento a lo comunitario. La cultura se convierte en accesorio de campañas y no eje del desarrollo social.
Para reconstruir lo perdido, se requiere sobre todo un presupuesto transparente y escalable, con asignación anual a infraestructura, capacitación y fondos concursables; una red de espacios culturales permanentes, entre ellos centros, museos satélite, casas de cultura y aulas artísticas accesibles en cada municipio, así como una programación sostenidacon formación continua, talleres escolares, residencias artísticas, ferias libres e itinerantes.
También es indispensable generar alianzas con la academia y la sociedad civil, en las que la Universidad de Colima y las organizaciones sociales deben ser motor conjunto de creación, así como evaluación y rendición de cuentas conindicadores claros sobre impacto, participación, asistencia y cobertura demográfica.
Lo anterior lleva a concluir que el gobierno de Indira Vizcaíno Silva ha politizado la cultura con eventos y ceremonias, pero no ha transitado hacia un modelo sólido de desarrollo cultural de largo plazo. Para que la cultura vuelva a ser eje de crecimiento social, es urgente apostar por una estrategia integral con visión, recursos, continuidad y autonomía, de lo contrario persistirá la ausencia de preservación del legado y de fomento a la creatividad.