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Cultura Manzanillo: Sin amabilidad ni dinero

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Revolución de las Consciencias

Autor: Lily Campos.

La dirección de Cultura de Manzanillo pensará que no nos damos cuenta, pero todas las actividades artístico-culturales que realizan en el municipio -probablemente a excepción de las fiestas de Mayo- son con dinero y programas federales. Funcionarios del orden municipal y estatal comparten con entusiasmo y orgullo las convocatorias de programas y estímulos federales a artistas, y hasta hacen reuniones “informativas” en el Centro Cultura de Salagua fungiendo como “gestores” de estos programas. Pero en ningún momento informan de programas locales o estatales de apoyo a artistas locales, ni tampoco realizan actividades culturales de calidad con recurso propio. 

Nunca hay nada. Nada, es nada. A lo mucho que llegan a ofrecer es lo que ellos denominan: “Talento que transforma”, el espacio improvisado en jardines y parques municipales donde pretenden que las academias de danza expongan a su alumnado a realizar ahí sus presentaciones. La dirección de Cultura mata dos pájaros de un tiro: dicen promover el arte y la cultura con esos espacios de baja calidad donde dos o tres personas que van pasando en el jardín se sientan en las sillas de plástico a más o menos observar el esfuerzo de los artistas locales y sus familias; y a la vez dan entretenimiento con mano de obra (las academias y sus alumnos) gratuita. Muy listos, ¿no? Según ellos, pero la realidad es que esas presentaciones de baja calidad no representan ni ameritan el enorme esfuerzo que estoy segura hacen todas las familias de los artistas; llevándolos a clases de forma disciplinada y rigurosa, además, gastando en vestuarios de calidad, para ser expuestos en esos lugares donde la gente que acude la mayoría de las veces ni siquiera valora las presentaciones, ni mucho menos les importa. Pero ese es el “talento que transforma” según la Dirección de Cultura en Manzanillo. 

Ahora pasemos a la amabilidad. Al peor estilo posible, incluso peor que el PRI me atrevería a decir; donde el personal a cargo de la dirección de Cultura goza de una arrogancia magnánima. 

Cuando comenzamos con la realización del trámite para participar en las fiestas de mayo Manzanillo de este año fue toda una odisea. Primero trataron de discriminarnos y dejarnos fuera, porque a Germán de Turismo no le pareció que el director de Cultura me pasó su celular para coordinarme con él y ver el tema. Se indignó y me mandó decir con Jocelyn, servidora pública de la dirección de Cultura que ¿quién me había pasado su celular? Porque aparentemente lo estaba molestando, ya que ese número es de su negocio personal de muffins y pasteles y pues como yo no soy cliente potencial que flojera atenderme. 

Fue entonces que le expliqué a Jocelyn que el mismo director Carlos me había dado el teléfono de Germán y que las conversaciones giraban sobre temas de trabajo de su cargo como servidor público, y que son en horario laborable; entonces no entendía por qué no le parecía y qué me estaba reclamando. Después de ahí German se indignó peor y dejo de tener comunicación conmigo. Entonces quedó Jocelyn a cargo, pero tampoco ha sido fácil la relación con ella ni es amable en absoluto. 

​Para poder participar en las fiestas de mayo de este año, prácticamente tuve que decirle que era columnista de Avanzada, y que si nos discriminaban y vetaban de participar, tendría que hacer público el hecho. Esa fue la única manera en que nos tomaron en cuenta, porque previo a esa me había dicho que “ya se habían recibido todas las solicitudes y estaban cerrando los espacios”. Fue cuando me encabroné y por supuesto que les dije lo de exponerlos públicamente, porque era obvio, más que obvio, que la actitud hostil y discriminación eran injustificadas. 

Luego para rematar, cuando por fin entramos a las fiestas de mayo, nos cambiaron el horario de la presentación y nos pusieron cuando estaba el teatro vacío y todavía el solazo. Terminamos y fuimos de los poquísimos grupos de danza con lo que el director Carlos no acudió en persona a darnos el reconocimiento porque según palabras de Jocelyn “estaba ya atendiendo otros asuntos de Cultura”; pero bien que a todas las demás academias y presentaciones si acudió y dieron buen horario. 

Después de estas experiencias me di cuenta que lo que resta de esta administración será luchar contra corriente y que será bastante difícil. Es posible que después de publicar esta columna nos veten, discriminen o intenten tratar peor de lo que ya he descrito, pero estoy dispuesta a hacerle frente pues lo ocurrido el pasado 21 de junio fue la gota que derramó el vaso. 

Tuvieron el taller de danza africana con la participación de artistas colombianos traídos con dinero federal también por supuesto; y para justificar su participación invitan a todas las academias de danza del municipio, pero deciden hacer el taller en un espacio súper reducido; dejando fuera a varias personas. Nosotros si logramos ingresar, pero cuando consulté por las edades para la participación, Jocelyn aseguró que el taller estaba enfocado “más para adolescentes y adultos”, por lo que varias de mis alumnas niñas no podían acudir; pero cuál fue mi sorpresa al llegar al lugar y encontrar repleto de niñas pequeñas -hasta una bebé como de dos años en pañal y sin camisa corriendo por todo el salón de baile-. Definitivamente me di cuenta que todas las restricciones son muy específicas solo para ciertas personas y no para todos. Eso aquí y en África se llama discriminación del gobierno de la presidenta que dice ser muy humanista. 

Estas personas se quedaron en la época del servilismo, cuando la sociedad tenía que arrastrarse y tratar como virreyes a los servidores públicos. Critican a Griselda Martínez por su personalidad asertiva, pero aquí son lobos con piel de oveja. Toda su publicidad se centra en la palabra “humanismo”, “derechos humanos” y por el estilo, pero la realidad es, que son tan prepotentes como hace muchísimo tiempo no se veía. No crean que no nos damos cuenta. Los vemos de cuerpo entero por lo que son, y también vemos como su apoyo al arte y la cultura local es solo colgarse de los programas y beneficios federales. 

Pero esto aún no termina, todavía tengo unos pendientes con la subsecretaría de Cultura y sus flamantes ideas que me dieron cuando propuse organizar un festival cultural aquí en Manzanillo para descentralizar que todo pasa en Colima. Pero eso, amable lector, será en otra ocasión.

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