Contrapesos en el Arte
Autor: Sergio Escareño.
En el panorama cultural de Colima, los contrapesos no provienen de la crítica institucional ni de los canales formales de rendición de cuentas, sino de la capacidad ciudadana de señalar lo que a todas luces se vuelve insostenible: la narrativa oficial que presume logros mientras la realidad los desmiente con contundencia.
Recientemente, el responsable de la cultura en el estado, Emiliano Zizumbo, celebró con entusiasmo la supuesta asistencia de más de 10,600 personas al evento de Colima en Los Pinos. Lo curioso, y a la vez insultante, es que esa cifra corresponde al flujo general de visitantes al complejo cultural, no al evento específico del estado. ¿Dónde metieron entonces a más de diez mil colimenses en un área que no supera los 30 por 50 metros? La respuesta es sencilla: en ningún lado. La cifra no resiste el más mínimo análisis lógico o físico, y sin embargo, se presenta como una prueba de éxito.
Este tipo de montajes se han vuelto habituales en la gestión de Zizumbo, quien parece creer que el cargo le otorga licencia para convertir la propaganda en política cultural. Se presenta como un nuevo Rey Midas, pretendiendo que todo lo que toca se convierte en oro, cuando en realidad lo que predomina es una opacidad adornada con cifras sin sustento y eventos sin impacto.
El ejemplo más reciente es el Festival de Cine Termiun, realizado en el Teatro Hidalgo. Nueve funciones, 1,184 asistentes en total: un promedio de apenas 135 personas por función en un recinto con capacidad para más de 800. Lejos de una celebración del séptimo arte, el resultado evidencia una gestión fallida, desprovista de promoción efectiva y sin conexión real con el público. Sin embargo, la subsecretaría lo vendió como un evento “muy exitoso”. ¿Qué clase de estándar se está utilizando?
Detrás de estas simulaciones hay una preocupación mayor: el uso de la cultura como escaparate político, como vitrina para alimentar egos, mientras la vida cultural de Colima se desvanece por falta de impulso, estrategia y compromiso real. En lugar de reconocer fallas, el aparato cultural se dedica a fabricar maquillajes que solo refuerzan la mediocridad institucional.
Es urgente que el Congreso del Estado actúe con responsabilidad y cite a comparecer al funcionario. No para que recite nuevamente su guion de cifras mágicas, sino para que explique, sin máscaras ni maquillajes, el verdadero estado de la cultura en Colima. ¿Dónde están las políticas públicas reales? ¿Dónde la formación de públicos, el apoyo a creadores, la descentralización de la oferta cultural?
Porque una cosa es echar a volar las campanas, y otra muy distinta es hacerlo mientras todo a su alrededor se incendia. La cultura no puede seguir siendo víctima del autoengaño oficial. Colima merece algo mejor.