Colima, México, Avanzada (02/06/2025).- Durante generaciones, a muchos se nos ha repetido hasta el cansancio el mantra: “Si estudias, tendrás mejores oportunidades”. Nos lo dijeron papás, maestros y hasta políticos. Pero resulta que, al menos en Colima, esa lógica puede romperse sin que pase nada. De hecho, quienes ocupan las curules en el Congreso del Estado parecen ser prueba viva de que, a veces, lo que realmente abre puertas no son los títulos universitarios, sino la política.
Algunos diputados en Colima se han convertido en auténticos referentes de la superación personal, demostrando que no hace falta terminar una carrera universitaria (ni siquiera comenzarla, en ciertos casos) para ganar cien mil pesos o más cada mes, además de contar con fondos de ahorro en los que el Poder Legislativo pone la mitad de lo que cada uno decida guardar.
Por ejemplo, el diputado del Partido Verde, Juan Carlos García Rendón, concluyó la secundaria y, a pesar de no haber cursado estudios superiores, disfruta de los ingresos y beneficios que acompañan a su responsabilidad legislativa. Un ejemplo a seguir, sin duda.
La diputada morenista Glenda Ochoa decidió que no era necesario graduarse antes de saltar a la política: fue síndica del Ayuntamiento de Colima entre 2018 y 2021 con apenas el bachillerato terminado. Llegó al Congreso en 2021 y ahora (con 49 años de edad) cursa la licenciatura en Derecho, pero eso no impidió que cobrara desde el principio como legisladora.
El diputado Álvaro González Lozano afirma haber terminado la carrera de Administración de Empresas, aunque su declaración patrimonial no incluye título ni cédula, solo una constancia de estudios. Algo similar ocurre con el morenista Héctor Gustavo Larios Uribe, cuyo nivel máximo es el bachillerato técnico en informática, y con Mirella Silva Martínez, de Morena, PT y PVEM, quien solo presentó una constancia como auxiliar contable.
El caso de José Israel González Mendoza, diputado de Movimiento Ciudadano, es aún más inspirador: él mismo reconoció no haber concluido el bachillerato, y, sin embargo, hoy representa a los colimenses.
Mientras miles de jóvenes en Colima invierten años, esfuerzo y recursos para terminar una carrera universitaria y aspirar a un empleo estable con salario digno, el Congreso local nos enseña que, en política, no siempre es necesario pasar por las aulas para asegurar ingresos de seis cifras. Todo es cuestión de perspectiva y, claro, de encontrar el camino correcto.