Colima, México, Avanzada (27/05/2025).- La violencia en el estado de Colima continúa sin tregua. En los últimos días, automóviles han sido incendiados, personas han sido asesinadas en la vía pública y se registran nuevas desapariciones. A esto se suma el creciente malestar laboral: trabajadores de la seguridad pública denuncian violaciones a sus derechos, empleados de la iniciativa privada realizaron paro laboral en la empresa Grupo Mar Industrias y el conflicto en la aduana de Manzanillo, que ya acumula más de 10 días, mantiene semiparalizadas las operaciones en uno de los principales puntos de ingreso del país.
Sin embargo, en medio de esta profunda crisis social y económica, la gobernadora de Colima, Indira Vizcaíno Silva, parece mantenerse ajena a los problemas que aquejan al estado. En sus intervenciones públicas y publicaciones en redes sociales, la mandataria opta por ignorar por completo los episodios de violencia y las demandas laborales que afectan a miles de colimenses.
Hoy, mientras una mujer de 65 años fue brutalmente asesinada dentro de su domicilio, frente a dos menores de apenas 5 y 10 años que resultaron heridos —un hecho que seguramente marcará sus vidas para siempre—, la gobernadora escribió en sus redes: “¡Qué bonito martes hemos tenido! 💜 La energía que se siente en los eventos de #ColiBecas es simplemente inexplicable”. Esta publicación, que alude a su participación en eventos protocolarios para la entrega de becas escolares, evidencia una desconexión dolorosa entre el discurso oficial y la realidad que viven las familias colimenses.
Ayer, mientras trabajadores de diferentes sectores exigían mejores condiciones laborales y la inseguridad continuaba extendiéndose, Vizcaíno participó en un evento del Torneo Nacional de Fútbol Escolar, donde bromeó sobre la derrota del Club América en la final del fútbol mexicano. “Doy mi más sentido pésame a los aficionados del América”, dijo la mandataria, sin hacer una sola mención a los problemas que aquejan al estado.
Antier, mientras los habitantes de Manzanillo enfrentaban los problemas ocasionados por el conflicto laboral de la aduana —que afecta no sólo al puerto sino a la economía estatal—, la gobernadora ponderaba en sus redes el “Festival Costero del Papalote”, destacando la música y la alegría de un evento turístico que, aunque positivo, resulta irrelevante frente a la magnitud de las crisis que atraviesa Colima.
El contraste entre el discurso oficial y la realidad es más que evidente: mientras las calles se tiñen de sangre y las familias sufren la pérdida de seres queridos, la mandataria se muestra despreocupada, centrada en eventos que le permiten proyectar una imagen controlada y optimista. Las publicaciones oficiales ignoran los reclamos y el dolor de los ciudadanos, dejando en evidencia que la narrativa gubernamental privilegia la imagen por encima de la acción concreta para resolver los problemas que hoy mantienen a Colima sumido en la incertidumbre y el temor.