Jalisco, México, Avanzada (23/02/2025).- Han pasado casi cinco años desde que Bryan Eduardo Medina Carrillo y su amigo Daniel Rodríguez Sandoval desaparecieron sin dejar rastro en Teocaltiche, Jalisco. Cinco años de incertidumbre, de preguntas sin respuesta, de noches en vela para María de los Ángeles Carrillo, madre de Bryan, quien no deja de buscar a su hijo con la esperanza de que algún día regrese a casa.
El 18 de julio de 2020, los dos jóvenes de 18 y 16 años fueron vistos por última vez cerca de la plaza municipal de Teocaltiche. Su rutina era sencilla: recolectaban chatarra y aluminio para ganarse la vida. Aquel día, salieron en su camioneta, como siempre, pero nunca volvieron.
Desde el principio, María de los Ángeles recibió información anónima que la dejó helada: su hijo y su amigo habrían sido detenidos y golpeados por policías municipales, quienes presuntamente los entregaron al crimen organizado. Un rumor que, aunque no fue confirmado por las autoridades, cobra fuerza ahora que se destapó la presunta colusión entre la Policía de Teocaltiche y grupos delictivos.
“Desde el inicio nos dijeron que los policías estaban involucrados, que ellos vigilan quién entra y quién sale del municipio. Ahora que están investigando a los uniformados, quiero saber si los que están detenidos trabajaban el día que mi hijo desapareció”, exige María de los Ángeles con la voz quebrada, pero firme.
Con el reciente escándalo que pone en el ojo del huracán a la policía local, la señora Carrillo hace un llamado desesperado a las autoridades estatales para que se investigue a fondo. No solo eso, también quiere ser recibida por el gobernador de Jalisco, Pablo Lemus, con la esperanza de que esta vez sí haya respuestas. La indiferencia de la administración anterior sigue pesando en su corazón. “El gobernador pasado me prometió que investigaría, que sabía del caso, pero nunca cumplió su palabra”, lamenta.
La angustia de María de los Ángeles se mezcla con la empatía hacia otras familias que hoy buscan a los suyos. En una súplica conmovedora, pide a los allegados de los policías desaparecidos que, si saben algo sobre el paradero de Bryan y Daniel, lo revelen. “Si nos están viendo, pónganse en mi lugar. Yo llevo casi cinco años sin saber nada de mi hijo. No quiero culpables, solo quiero que me lo regresen”.
A pesar de los operativos anunciados por las autoridades, la realidad es que la investigación no avanza. Para María de los Ángeles, cada día que pasa es una prueba de que el tiempo juega en su contra y que la justicia es, muchas veces, una promesa vacía. “Nos dicen que siguen trabajando, pero si no los encuentran, para mí es que no están haciendo nada”, sentencia con dolor.
En Teocaltiche, el eco de su voz sigue resonando. La esperanza se resiste a morir, pero la impunidad es una sombra que no se disipa. Mientras tanto, María de los Ángeles seguirá buscando a Bryan y a Daniel, porque el amor de una madre no se rinde, ni siquiera ante la ausencia y el silencio.