Editorial
La guerra arancelaria entre México y EU, iniciada por ladisparatada decisión del presidente norteamericano Donald Trump de imponer un gravamen de 25 por ciento a todos los productos mexicanos que ingresen a ese país, ha puesto en serio peligro de recesión a la economía mexicana, debido fundamentalmente a la dependencia comercial que México ha mantenido históricamente con el país del norte.
Evidentemente, un encarecimiento repentino de 25 por ciento en cualquier producto lo vuelve incosteable y provoca una reducción de sus ventas, lo que sin duda tendrá repercusiones negativas entre los productores mexicanos que le han apostado a Estados Unidos como su principal, si no es que único, nicho de mercado.
El gran problema para nuestro país es que, a pesar de participar desde hace más de tres décadas en el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (Apec, por sus siglas en inglés), no ha sido capaz de dar un paso decidido en la diversificación comercial, aprovechando su relación con las economías de la región.
Por el contrario, los datos oficiales revelan que se ha acentuado la dependencia con Estados Unidos en esa materia. Según las cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en el periodo de enero a diciembre de 2024 el mercado norteamericano fue el receptor de 84.06 por ciento de las exportaciones mexicanas, mientras que sólo 15.94 por ciento tuvo como destino al resto del mundo.
Conforme a diversos estudios, las principales exportaciones de México son productos manufacturados (88 por ciento del total de envíos), seguidos por petróleo y productos derivados del petróleo (7 por ciento), y el sector agrícola (4 por ciento). En tanto, las principales importaciones son productos metálicos, maquinaria y equipo (59 por ciento de las compras totales), productos derivados del petróleo (12 por ciento) y productos agrícolas (3 por ciento).
Para 2024, según el Inegi, el valor de las exportaciones totales fue de 617 mil 100 millones de dólares, cifra que se integró de exportaciones no petroleras, por 588 mil 673 millones de dólares, y de petroleras, por 28 mil 426 millones de dólares. Así, en 2024, las exportaciones totales crecieron 4.1 por ciento respecto a 2023. Dicha tasa resultó de un avance de 5.2 por ciento en las exportaciones no petroleras y de un descenso de 14.4 por ciento en las petroleras.
Por otra parte, para 2024 el valor de las importaciones totales fue de 625 mil 312 millones de dólares, monto superior en 4.5 por ciento al de 2023. A su interior, las importaciones no petroleras avanzaron 7.3 por ciento a tasa anual y las petroleras descendieron 25.7 por ciento.
Era natural que ante las medidas arancelarias unilaterales y agresivas de Trump contra México, la presidenta Claudia Sheinbaum respondiera con decisiones similares hacia los productos estadounidenses que entren a México. Era lo menos que podía hacer. Pero esta dinámica en la que se encuentran ambos gobiernos provocará daños de diversa índole a sectores productivos, así como a los consumidores de los dos países.
Sin embargo, la economía mexicana podría resultar la más afectada, por la desventaja en que se encuentra frente a la estadunidense. En pocos meses, las empresas más vulnerables estarían en riesgo de caer en la quiebra. Uno de los aspectos más preocupantes para los mexicanos, sólo por poner un ejemplo, sería el encarecimiento y posible desabasto —aún más— de productos vitales en materia de salud como medicamentos e insumos que generalmente son adquiridos en laboratorios de Estados Unidos.
¿Hasta dónde nos llevará esta situación? No podemos saberlo con precisión. El panorama luce incierto. Lo deseable es que los sectores directamente afectados tanto de Estados Unidos como México y Canadá se unan para presionar y hacer que el gobierno de Trump dé marcha atrás en su descabellado propósito.
De lo contrario, por ahora es imposible prever las consecuencias.