Colima, México, Avanzada (24/11/2024).- En Colima, el tiempo parece haberse detenido en una pesadilla. Durante siete días, la violencia desbordó al estado con una brutalidad que no da tregua, mientras las redes sociales se llenaban de publicidad sobre el tercer informe de la gobernadora Indira Vizcaíno, en el que se prometen avances y cifras optimistas que nada reflejan el caos vivido en las calles.
El 17 de noviembre inició la seguidilla de ataques. En la colonia Nuevo Milenio, una mujer policía fue blanco de un atentado cerca de las instalaciones de la Policía Estatal Preventiva. Ese mismo día, hombres armados asesinaron a una persona y dejaron a otra gravemente herida en Cómala. En Tecomán, otro hombre fue baleado mientras se encontraba en una unidad deportiva.
El 19 de noviembre, la violencia se multiplicó. Un asalto violento ocurrió en una farmacia de Villa de Álvarez, mientras en Manzanillo un hombre fue herido de bala en la cabeza en la colonia Perla de Occidente. Esa jornada terminó con el hallazgo del cuerpo de una mujer asesinada en una obra negra y la ejecución de un elemento de la policía en la colonia Antorcha de Colima.
Los días siguientes no ofrecieron respiro. El 22 de noviembre, dos hombres fueron ejecutados, uno en el centro de Colima y otro en la colonia Lomas Verdes de Manzanillo.
El 23 de noviembre, el horror alcanzó su punto álgido. El Colomo, Manzanillo, apareció el cadáver decapitado y mutilado de un hombre colgado de un puente. En la comunidad de Puerta de Ánzar, cuatro cuerpos fueron encontrados dentro de un automóvil, todos con impactos de bala. Horas más tarde, en ese mismo día, otro hombre fue asesinado frente a la central camionera de los Rojos en la capital, y por la noche, una mujer cayó abatida a tiros en la colonia Placetas.
Finalmente, el 24 de noviembre, la violencia cerró la semana con disparos contra vehículos afuera de un bar en la avenida Benito Juárez, en Villa de Álvarez.
Mientras estas tragedias sucedían, las redes sociales del gobierno estatal destacaban temas ajenos al baño de sangre: Sin embargo, para los habitantes de Colima, las estadísticas optimistas de la mandataria parecen irreales frente al luto que se extiende día a día.
El incremento de los homicidios y los ataques parece no dar señales de detenerse. Las escenas de cuerpos mutilados, disparos a plena luz del día y atentados contra autoridades resquebrajan cualquier sentido de seguridad en el estado. Mientras tanto, los ciudadanos exigen algo más que discursos: justicia, seguridad y un gobierno que no cierre los ojos ante el horror cotidiano que azota sus comunidades.