Sinaloa, México, Avanzada (15/11/2024).- El sol calienta las calles de Culiacán mientras la ciudad despierta con la noticia de un nuevo capítulo en el complicado tablero político y social de Sinaloa. Rubén Rocha Moya, el gobernador del estado, da un paso inesperado: solicitó ser sometido a una consulta de revocación de mandato, una petición que el Instituto Electoral del Estado de Sinaloa (IEES) rechazó de inmediato por unanimidad. Pero la negativa del órgano electoral no detiene al gobernador, quien en un gesto de aparente humildad y férrea convicción democrática, asegura que está listo para poner su gestión a prueba ante el juicio popular.
En los últimos días, Sinaloa es escenario de una espiral de violencia incesante. La guerra interna entre las facciones del Cártel de Sinaloa —lideradas por los hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán, conocidos como Los Chapitos, y el viejo capo Ismael “El Mayo” Zambada— ha dejado un saldo de al menos 125 homicidios en menos de un mes. Los cuerpos aparecen en escenarios cada vez más macabros: calcinados en camionetas, enterrados en fosas clandestinas o abandonados en canales de riego, como siniestras señales de una pugna por el control del territorio.
Rocha Moya, consciente de que el momento político no es el más favorable, lanzó su petición al IEES en medio de esta crisis. En su comunicado, el gobernador hizo énfasis en el valor de la democracia participativa y recordó cómo en 2022 impulsó la reforma al artículo 150 de la Constitución local para incluir la figura de revocación de mandato. “El pueblo debe tener el derecho irrestricto de evaluar a sus representantes”, señaló Rocha, retomando la máxima de la cuarta transformación: “Con el pueblo todo, sin el pueblo nada”.
Sin embargo, el IEES fue categórico: no se puede aplicar retroactivamente una ley aprobada después de su toma de posesión. La decisión del instituto dejó en claro que los mecanismos democráticos deben respetar los límites del marco legal vigente, aun si la voluntad política del gobernador apunta en otra dirección. Para muchos, este gesto de Rocha es interpretado como una jugada para ganar legitimidad en un contexto de creciente inseguridad y descontento social.
Mientras tanto, la violencia no da tregua. Los enfrentamientos entre Los Chapitos y El Mayo convirtieron a Sinaloa en un campo de batalla. Desde Ahome hasta Mazatlán, los reportes de asesinatos y desapariciones se multiplican. En la comunidad de Higueras de Abuya, los cuerpos calcinados encontrados dentro de una camioneta incendiada conmocionaron a la población. “Bienvenidos a Culiacán”, decía una manta dejada cerca de la escena, un siniestro mensaje dirigido al gobierno y a los ciudadanos, apenas horas después de que el presidente Andrés Manuel López Obrador hiciera una visita al estado como parte de su gira de despedida.
Las cifras oficiales solo cuentan una parte de la historia. En los barrios, el miedo esta instalado de manera cotidiana. Bloqueos viales, balaceras y saqueos de tiendas han paralizado la vida diaria en varias comunidades. La guerra interna del Cártel de Sinaloa parece haber rebasado las estrategias de contención del gobierno estatal, y los ciudadanos, atrapados en medio del fuego cruzado, exigen una solución.
En la Ciudad de México, la nueva presidenta Claudia Sheinbaum se enfrenta a su primera gran prueba de fuego. En su discurso inicial, Sheinbaum intentó minimizar la violencia en Sinaloa, afirmando que “no fue de los estados con mayor número de homicidios” durante el fin de semana, pero los hechos dejan claro que la situación es crítica. En su primera conferencia de prensa, Sheinbaum anunció una nueva estrategia de seguridad con énfasis en la atención a las causas sociales de la delincuencia y una mayor coordinación entre las fuerzas de seguridad. Sin embargo, la complejidad del conflicto en Sinaloa representa un reto que irá más allá de los primeros discursos.
Las organizaciones ciudadanas no tardaron en reaccionar. Más de 50 colectivos emitieron un comunicado dirigido a Sheinbaum y al gobernador Rocha, pidiendo un alto inmediato a la violencia. “En los últimos días hemos visto con terror un incremento en las actividades delictivas, lo que genera incertidumbre y efectos devastadores en la sociedad”, señalaron en el documento. La presión sobre las autoridades es palpable, y los sinaloenses observan con escepticismo la efectividad de los operativos desplegados en las zonas más afectadas.
La solicitud de Rocha para ser sometido a la revocación de mandato puede interpretarse de varias formas. Para algunos, es una muestra de su convicción democrática, una apuesta arriesgada para reconectar con una ciudadanía que lo eligió con la promesa de un cambio profundo. Para otros, no es más que un movimiento político calculado, un intento de desviar la atención de la crisis de seguridad y ganar tiempo ante la presión creciente.
Mientras tanto, la vida en Sinaloa sigue marcada por el temor. Las calles de Culiacán se llenan de rumores sobre el próximo enfrentamiento, los negocios cierran temprano y las familias evitan salir de casa después del anochecer. La imagen de cuerpos mutilados y calcinados se ha vuelto tristemente común, y los ciudadanos esperan que las promesas de los políticos se conviertan en acciones reales.
Rocha Moya, firme en su postura, parece dispuesto a enfrentarse no solo a los retos internos de su gobierno, sino también a las críticas y dudas que genera su liderazgo en un contexto de crisis. Su llamado a la revocación de mandato es un símbolo de la encrucijada en la que se encuentra Sinaloa: una tierra que reclama paz y justicia en medio de un conflicto que parece no tener fin. La pregunta que flota en el aire es si este gesto será suficiente para calmar el descontento popular o si, por el contrario, avivará aún más las llamas de una revuelta silenciosa que espera su momento para estallar.